abril 14, 2010

Equilibrio inestable.

-¿Sabe usted que nunca había estado en esta casa?- preguntó-. Siempre que nos veíamos era Nuria quien acudía a mí. ' Para usted es más fácil, padre, -decía ella- ¿Para que va a subir escaleras?' 'Bueno, si no me invitas, no voy a ir.' Y ella respondía 'no hace falta que le invite a mi casa, padre, se invita a los extraños, usted puede venir cuando quiera.' En más de quince años no vine a verla una sola vez. Siempre le dije que había escogido un mal barrio. Poca luz. Finca vieja. Ella solo asentía. Como cuando le decía que había escogido una mala vida. Poco futuro. Un marido sin oficio y beneficio. Es curioso como juzgamos a los demás y no nos damos cuenta de lo miserable de nuestro desdén hasta que nos faltan, hasta que nos lo quitan. Nos lo quitan porque nunca han sido nuestros...
La voz del anciano, desnuda de su velo de ironía, hacía aguas y sonaba casi tan vieja como su mirada.
R.Z.

3 comentarios:

Queen of Hearts dijo...

Es tan fácil juzgar sin detenernos a pensar que aquellos que nos quieren necesitan nuestro apoyo.

¡Un beso!

Michy Rain dijo...

Ohhh! es de La Sombra del Viento, uno de mis libros preferidos. Sin duda has elegido un trozo muy acertado.
;)
(L)

Javier dijo...

ou!!!
me senti muy confundido al leer esto...
=)

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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