abril 26, 2010

Destruyendo.

Elsa dio un grito que olía más a rabia que a cualquier otro sentimiento. El hombre canoso la penetraba violentamente, agarrando sus muñecas con tanta fuerza que las venas, hinchadas de sangre, latían bajo su piel.
El pelo que le caía sobre la cara y ella que movía la cabeza para verle y memorizar todos sus rasgos. Lo único que le quedaba era esperar a que terminara. Las sábanas estaban caídas a los pies de la cama, y la ropa de ella, rota.
Es obvio que después de la paliza que le había pegado iba a violarla. Lo mejor era cerrar los ojos y relajarse, hacer cualquier cosa menos pensar en lo que estaba pasando.
Notaba la sangre caliente corriéndole entre las piernas, y una sensación de agobio se arremolinó en su interior. Él mordía sus pezones, tirando de ellos, hiriéndolos tanto como a su vagina. ¡Y SE RÍE! Se ríe de lo que hace, de lo que hace sentir a Elsa. De lo que lleva años haciéndole sentir.
Y se va en ella entre jadeos. Se mueve, agarrándola del pelo y pegándole la cabeza contra su pelvis, obligándola a absorver cada flujo que expulsaba. Las arcadas que le provocaba la asfixiaban; intenta concentrarse en respirar por la nariz, pero las ganas de vomitar se le acumulan en la garganta. Y aprieta los ojos, no quiere darle también el gusto de verla llorar. Eso ya es rebajarse demasiado.

"Por su culpa, las ilusiones que hacen de la existencia algo más que una suma de rutinas, se me han apagado" TNM.

3 comentarios:

V * dijo...

Desgarrador. Todo abuso es algo condenable, algo que no se le desea a NADIE. Has sabido plantearlo muy bien, felicitaciones!
Besos.

Rafa dijo...

Yo lo escribo con H, como Hate. Tengo mis razones.

Ast dijo...

Joder, tía, es... Buá

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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