marzo 26, 2010

Santos se ha ido.

Vi como el sol se rompía en mil pedazos, como la luz huía despavorida del mundo. Vi el temor en los ojos de aquel muchachito de ocho o nueve años, dando tumbos por alguna parte de la calle. Noté como la temperatura abandonaba mi cuerpo, dejándome petrificada justo delante del hospital, ese que tan indeleble parecía en ese justo momento.
Perdí al niño de vista, y giré, giré y giré, con las lágrimas agolpándose en mis mejillas, bajando por mi barbilla, y una sensación de vacio me abrazo, cuando sus rodillas tocaron el suelo.
Y la vida se me escapó suavemente entre los labios.

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Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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