marzo 30, 2010

Miraron ambos a la vez hacia arriba sin pensar en otra cosa que en encontrarse con esa persona que ronda por sus pensamientos continuamente. Y allí estaban, el uno casi frente al otro, con los ojos encadenados. Las manos le descansan a él en los bolsillos, crispa los nudillos al verla, al observar su cuerpecito que cruza por su lado casi imperceptible.
Ella le mira con los ojos empapándoseles, acelera el paso para perderle de vista, y parpadea muy seguido, encogiéndose sobre si misma para no rozarle. Deja de respirar unos segundos para no oler su perfume. Y se le escapan un par de lágrimas que bajan hasta sus comisuras.
Él se gira, parándose en mitad de la acera y viendola andar con la cabeza gacha y los brazos atrapados entre sus manos.
Ella sigue moviendo las piernas, cada vez más rápido, cada vez más rápido. Al final, al cruzar la esquina se tropieza con sus propios pies, y cae estrepitósamente al suelo. Levanta las manos, sacudiendo la tierrecita que se ha quedado pegadas a las raspaduras de las palmas, y palpándose las rodillas y notar la sangre caliente, se levanta y sigue caminando para alejarse de ese lugar. De ese tipo.

2 comentarios:

Mr. sooonRisas. dijo...

y digo yo (que estoy meado por los elefantes) que tío de mierda.

Arenas dijo...

Los tíos son un asco.

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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