marzo 15, 2010

Llevate hoy el paraguas, que llueve.

-Te estará esperando al lado de la estación, como las otras veces que la vi. Llegarás y le darás un beso en la comisura, para no sentirte del todo culpable por pasar tu tiempo libre con quien no debes. Mímala, que a ella le gusta, agárrala de la mano y tira con suavidad, como el Martes pasado, que te vi entrelazar los dedos con los suyos y acercártelos a los labios para besarlos. Cuéntale todo tu día, sin omitir detalles, sonriéndole al final de cada frase, bueno, y en las mitades también.
Yo te espero en casa ¿Vale? Pero no te procupes, de verdad, yo me conformaré con esos ratitos que me dedicas, confía en mí.
Que no sospeche que me has visto esta mañana. No le recuerdes que duermes al otro lado de mi cama. Cuéntale que ya ni me tocas, que no sientes lo mismo y no necesitas mi cariño. Dile al oído que la quieres, pero sin pasarse, solo menciónalo, para que cuando tenga ganas de llorar se acuerde, y sus ojos se llenen de brillito del bueno. Mírala fíjamente cuando tengas que decirle algo serio, como el Miércoles pasado, ella seguro que te baja la mirada nerviosa, que mira a lo lejos entrecerrando los ojos por culpa  del sol que le da en plena cara, verás sus ojitos colorearse más amarillitos que de costumbre, y no serás capaz de reñirla porque se te hinchará el pecho de amor. Luego volverás a casa otra vez y me dirás 'Hola, chiquita' sin mirarme, sin darme un besito en la frente, sin pasar una mano por mi cintura, sin colar la punta de los dedos por debajo de mi camiseta, sin acariciarme la piel. Tomarás algo y te irás directo a la cama.
En otro intento nulo de saber de ti, te preguntaré que tal el día, y con un simple 'agotador, me voy ya' o con un 'mañana te cuento' te tumbarás en la cama, invandiendo tu espacio y el mío, pero me da igual, me tumbaré en el extremo de la cama y te desnudaré, te dejarás hacer, como siempre, y te meterás en la cama arrugando la nariz de esa forma tan graciosita tuya, yo me quedaré sentada en la ventana de la cocina un rato, quizá hasta me decida por coger el tarrito de miel. Nah, no creo. Pero el Jueves... Yo se que el Jueves ella te convencerá por fin. Que le morderás los labios en mitad de la calle, sabiendo perfectamente que yo estaré al otro lado de la tacita de café del bar de la estación, y que no cerraré los ojos para no perderte de vista esos segunditos, que serán los últimos. Y ¿Sabes qué? Volveré a casa, y dejaré la puerta abierta, igual que los días en que la veías pero volvías a dormir a nuestra cama, quizá incluso deje una llave escondida fuera, por si algún día me olvido de ti y cierro la puerta sin pensar y te la encuentras cerrada.
Pregúntale porque se ha llevado lo que más quería, y cuéntamelo cuando vuelvas.
Porque...vuelves, ¿No?
Sabes que yo te quiero millones.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué bien escribes gordina

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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