marzo 26, 2010

Skunk, eres mi nueva diosa.

La música se cuela en mis oidos al mismo tiempo que sus dedos suben despacio por el interior de uno de mis muslos, apretando de vez en cuando y succionando en mi garganta con suavidad. Con la otra mano me desabrocha la cremallera del vestido, dejandome de espaldas a él, apretando su pelvis contra mi trasero.
Muevo la cintura haciendo que el vestido resbale por mis piernas, y me apoyo en la pared de ese cuarto de baño.
Presiono sobre su pantalón con una mano, mientras, con la otra lo desabrocho, tirando hacia abajo de uno de los lados. Su lengua se confunde con la mía y mis dedos entran en contacto con su sexo.
Un quejido nos interrumpe y solo se me ocurre apretar más, mover la mano. Calentarle.
Eso es lo único que se me ocurre.
'Muerdele, y es tuyo, Mel.'
Ah... lo sabía, chiquito.

3 comentarios:

Zai Vélez dijo...

Wow! que seduccion... me ha encantado la forma de narrar esto...

Un beso grande.

Cuxiflú dijo...

pues no no no y no eso no deberia ser lo unico que se le ocurriera no hay diosas en los cuentos de principes

Javier dijo...

waw!!!! que estupenda entrada.. no puedo decir otra cosa...
=)
♣♠

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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