enero 05, 2010

Solo nos falta la música.

10:59.
-Oye, ¿Has llegado?
-Eh... espera, me queda un minuto, Ya me estás esperando?
-Me queda un minuto, allí te veo.
No pasaba nadie por la calle, y cuando adentré los pies en la fina arena, la noté más fría que nunca.
Sentí sus pasos tras de mí, pero no me giré hasta que llegué a la orilla.
Sus manos rodearon mi cintura, atrayéndome hacia él, apretándome contra su pecho.
-Hola, chiquitina.
-Hola, hola.- Dije contoneando las caderas.- ¿Qué tal el día?
-Bueno, llevo llamándote desde las tres de la tarde, pero me di por vencido y salí a tomar unas cañas.
-¿Sin mí? Muy mal, eh...
-¿Pero tú ves como estás? Si yo creo que hasta te dura, todavía.
-Eh, no. Solo tengo un poco de resaca, nada más, gato.
Me di la vuelta, quedándome de frente a él.
-Vale.
-Pero, tú me perdonas, ¿a que sí?
-¡Pues claro!
Pegó sus labios a los míos, y yo me reí entre dientes.
¡Que gusto!

1 comentario:

La caperucita que se comio al lobo. dijo...

esas risitas entre dientes tan picaruelas me dan buen sabor de boca

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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