enero 07, 2010

¿Qué te parece, Mister perfecto?

Hoy tengo ganas de columpiarme, o de subirme a un arbol. Sí, eso, ahí seguro que se está bien. Porque te voy a ver desde las alturas, y no vas a ser más que un monigote a mis pies. Mi cabeza está sobre la tuya, metros y metros más arriba.
-Eh, ¡ayudame a subir ahí!-Me miras con esa mueca rara que pones cuando no sabes que quiero decir. Yo sonrío pícara y te zarandeo suavemente por los hombros.-Venga ¡ayúdame!- Y no puedo hacer más que, alzarme sobre mis talones y morderte la barbilla, y subir, y rozar tus labios, a ver si asi logro que reacciones. Y al final, acabo con la espalda pegada al árbol, ¡y yo quería estar arribita del todo! Pero tú te empeñas en que así, estoy muy bien, que no quieres que sea más, ni menos. Que así, con cada parte de mi cuerpo, te quedas embelesado, y que ni mucho menos me cambias.
-¿No me cambiarías?
No contestas. Solo me recorres con los dedos. Y, aunque me quedo mirándote fijamente, esperando mi respuesta, acabo por desabotonarte la camisa, por dejar marcas en tu cuello, y por tener que ponerme de puntillas, para llegar de refilón a tus labios.

¿No es encantador?

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Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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