diciembre 28, 2009

Una de Korbintxo.

Corbin le cuenta al oido la historia de no se que pareja que fue muy muy feliz, porque un día dijeron que se querían mucho mucho.
Gin se tira en la cama, con el petardo en la mano, y piensa en Corbin, en su Korbintxo.
-Corb, ¿Quedamos hoy?
-¿Para qué, gorda?
-No sé, nos echamos unos canutos, y pasamos la tarde juntos. Hace tiempo que no hablamos.
-¿Te apetece?
-A mí siempre me apetece, idiota.
-Paso a buscarte a eso de las cuatro, ¿Quieres?
-Pásate en media hora, y comemos juntos.

Toyota, ah... como le gustaba ese jodido coche. Y con Corbin dentro. ¡ASI MÁS!
La saluda dandole un beso en la sien y Gin le deleita con una sonrisita nerviosa.
Las horas pasan rápidas, y con ellas, el número de petas consumidos. Las caladas acaban convirtiendose en miradas, y no quieras saber en que se convirtieron los porros.
Cerca de las seis de la mañana, Gin se viste sin hacer ruido y sale de la casa de Corb, que se ha quedado dormido, con sus bragas en la mano y el sujetador, en sabe dios que parte de su cuarto.

1 comentario:

La chica de las cien mil caras dijo...

Pese a todo, ¡bonita amistad la suya!

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
Creative Commons License Todos los textos y fotos que están aquí escritos o colgados, son míos.licencia de Creative Commons. Respétalo, por favor, y no te los descargues.