diciembre 28, 2009

Pum.
El móvil contra el suelo, completamente destrozado, pero no es solo eso, ahora viene más. El centro de mesa, ea, a la mierda. Y las sillas, ¡a tomar por culo! Peor que un terremoto. No, lo de esta es un cabreo de los que hacen que te hierva la sangre, y que te salga el Cannabis por las orejas.
Me cago en dios.

Una de Korbintxo.

Corbin le cuenta al oido la historia de no se que pareja que fue muy muy feliz, porque un día dijeron que se querían mucho mucho.
Gin se tira en la cama, con el petardo en la mano, y piensa en Corbin, en su Korbintxo.
-Corb, ¿Quedamos hoy?
-¿Para qué, gorda?
-No sé, nos echamos unos canutos, y pasamos la tarde juntos. Hace tiempo que no hablamos.
-¿Te apetece?
-A mí siempre me apetece, idiota.
-Paso a buscarte a eso de las cuatro, ¿Quieres?
-Pásate en media hora, y comemos juntos.

Toyota, ah... como le gustaba ese jodido coche. Y con Corbin dentro. ¡ASI MÁS!
La saluda dandole un beso en la sien y Gin le deleita con una sonrisita nerviosa.
Las horas pasan rápidas, y con ellas, el número de petas consumidos. Las caladas acaban convirtiendose en miradas, y no quieras saber en que se convirtieron los porros.
Cerca de las seis de la mañana, Gin se viste sin hacer ruido y sale de la casa de Corb, que se ha quedado dormido, con sus bragas en la mano y el sujetador, en sabe dios que parte de su cuarto.

y se engaña con promesas, con promesas para nadie, yo se bien por qué se pierde, ella se pierde por pensarte.

Sacó una cucharita del cajón y se sentó en el alfeizar de la ventana, tarrito dde miel en mano y un paquete de Lucky, por ahí, por algun bolsillo de su bolso.
-¿Sabes, Jara? A veces me pregunto porque todo tiene que ser así. Porque tenía que haber conocido a esta gente y no a otra. Porque tengo esta madre, y no digo que no la adore, o este padre, me atengo de hacer comentarios, y... bueno, todo eso.- Gin mira a su perra, que con ojos de sabia, -o que ella quiere creer que lo son- la observa, con la cabeza apoyada entre sus piernas, y resoplando de vezz en cuando a las estrellas.
-Pero también pienso otras cosas, como por ejemplo, que tiene él de mí, quiero decir,-intenta explicarle.- por qué, sin verle cada día, me da la sensación de que cuando estoy con otro, le traiciono, ¡Y mira que a mi me da igual! Porque ya sabeis, y digo sabeis, porque él también lo sabe Jari, que para mí, el sexo, no es más que eso, pero... ¡ay! No sé, no sé...
Pone los ojos en blanco y sonrie levemente.
-Y lo mejor, es que seguramente no te estés enterando de la mitad de lo que digo, pero al menos tú me escuchas, gordina.
Jara se acomoda más, y la mira, le lame la mano, y Gin aleja la cucharita para que no pruebe su miel.
Jodida miel.
-¿Y que hago comiendo esto ahora? Agg, Jarinna, soy lo peor, ¿Eh?


Jara se queda dormida escuchando las palabras de su dueña, que como humana normal que es, acabó por echarse a llorar cuando el reloj marcaba las 4.50 de la madrugada.

diciembre 21, 2009

Psé.

Ah...Gin estaba nerviosa, casi parecía llorar, se sentía extrañamente confusa, dolida, y eso que todavía no sabía nada.
El móvil estaba sobre la mesa, allí, quietecito entre los dedos temblorosos de la chica, mojandolo con lagrimillas que ya pasaban su barbilla afilada.
No sonaba.
-¿Por qué cojones no me llamas? Mierda, todos tenían razón, me está engañando.
Idiota que se sentía, pero sin motivos, ah... o con todos los del mundo. Y no sabía como llorar, porque se le había olvidado lo que era el amor, o algo de eso que te hace sentir bien y mal en el mismo instante.
Tiene la garganta seca, y un dolor bastante molesto se apodera de sus sienes. Y de su pecho.
Pero es que el móvil seguía sin sonar, y las esperanzas se le habían agotado hacía ya mucho tiempo.

diciembre 20, 2009

Si no atas bien a Cupido,
te robará la cartera.
Nadie sabe lo que me pasa, pero solo teneis las de perder.
ah.. que mala soy.

diciembre 19, 2009

Se puso a recordar cuando todo aquello era un juego y Yeira una cría.

Yeira entró en el insituto con su aire de superioridad pegado a la ropa, y miró a Andrew con cara de estúpida
Puso el sobre encima de la mesa y se fue por donde había llegado.
-Yeira.
Se detuvo de inmediato, y se giró, apoyandose delicadamente las manos en la cintura.
-Dime.
-¿Todavía con los trapicheos, reina?
-Si tu dejaras esto, yo podría hacerlo tambien, ¿Sabes?
Salió de la clase dando un portazo y Andrew se quedó mirando el lugar donde había estado.
Apoyó la frente en la pared y se puso a recordar cuando todo aquello no era más que un juego, y Yeira no era más que una cría.

diciembre 14, 2009

-No me abras tu corazón, abre tus vaqueros.
Bajalo chiquilla, y dejame ser el primero.
No temas al destino, ya eres casi una mujer,
venga fuera esas braguitas, que esto no te va doler.
Gin se sacudió al tipo de encima y salió del coche.
-Das asco, y encima ya soy una mujer.
Seguro que he follado más veces que tú, niñato.

diciembre 13, 2009

Tom le dice a la mejor amiga de su mujer que es una víbora sin escrúpulos.

-Es Victoria.
-Pero, ¿Está riéndose?
-Oh, ¡por supuesto! Victoria es la mujer más feliz del mundo, aunque a veces haya lagrimitas rebeldes que se empeñen en quemar sus mejillas, pero no te preocupes, siempre se le pasa con los mimos.
-La conoces mucho...
-De tanto quererla, mujer.
-¿Y de mí?- Dijo con una sonrisita traviesa.- ¿Qué sabes de mí?
-¿De tí? Desde su punto de vista, eres una hipócrita, y desde el mío, una víbora sin escrúpulos.
-¡Pero bueno! ¿Se puede saber que estás diciendo?
-La verdad, querida, la verdad. Y sal ya de mi cama, que estás ensuciando el olor de mis sabanas.
La sonrisa se había esfumado, y una mueca de ira demasiado graciosa se dibuja en la cara de la mejor amiga de ella.-si podía llamarse amiga, claro está.

diciembre 12, 2009

Eso.

Una está como que cansada de ser segundo platos de personas que son mucho. Asi qué, esta aquí presente, ha decidido darse una vueltecita por vuestras jaulas, haceros un corte de mangas, y volver a irse, contoneando las caderas y echandoles arena a los ojos.

diciembre 10, 2009

Paul la lleva de visita a un lugar especial y tiene ganas de llorar por amor.

Paul cerró el coche y caminó lentamente de un lado a otro. Estaba realmente molesto, nada había resultado ser como el pensaba. Estaba en frente de su casa, y lo peor de todo, es que no estaba espiándola. Si no, esperándola.
Janette le observó desde más allá del portal, enjugó una lágrima que nacía en sus ojitos de niña y carraspeando con fuerza varias veces para aclararse la voz, salió a su encuentro.
-Hola.
-Hola, chiquitina.
Un beso fue lo siguiente que nos enseñaron. Un beso de esos que dan envidia, tan lleno de amor como de pasión, de los que te quedan con ganas de más, aunque sabes que tienes que controlarte.
-¿Dónde vamos a ir hoy?
-Te voy a llegar de visita a un lugar especial. Quiero enseñarte donde estuve todo este tiempo.
-¿De verdad?
-Hoy, hoy me apetece compartirlo todo contigo.- Dijo agarrándola por la nuca y acércandola para fundirse en un abrazo. Paul quería llorar, y no estaba seguro de si era por esa molestia que decía tener, o si por el contrario, era el día más feliz que había tenido en años.

diciembre 09, 2009

El futuro nos tortura y el pasado nos encadena.
   He aquí por qué se nos escapa el presente.
Gustave Flaubert.

diciembre 08, 2009

Tormentos con finales felices.

Gin se acercó despacito, a su espalda, como si no la viera, pero la veía, claro que la veía. Entre lágrimas, pero la veía, más cerca que nunca.
-E..¿Eres tú?
La chiquita se giró, dejando ver unos preciosos ojos marrones, una figura altiva, montada con delicadeza sobre unas vans lilas.- hacía unos meses, Gin habría bromeado con robárselas de tanto que le molaban.
-¡Gin, cuantísimo tiempo!
Ella se encogió, como si hubiese recibido un latigazo por respuesta, en vez de palabras. ¿Que le estaba pasando? Llevaba conectado el mp4, pero escuchó la contestación con mucha claridad. Y sintio que todo su mundo se rompía, y no entendía el por qué.
Tú también lo prometiste fuimos dos, equivocados.
Maldita Nerea, me recordaba lo malo que era el miedo a equivocarnos, y ¿sabes qué? Ella tenía miedo. Tenía miedo a darse cuenta de que esa chica que tenía delante, no sintiera lo que un día compartieron.
Yo jamás te olvidaré, de noches sin arte, de abrazos vacios. 
-¿Estás bien, Gin?
Absorbió las lágrimas como pudo, enjugándose como podía, y levantó la mirada, para enfrentearse a esos ojos que tanto, tanto le decían.
-Solo... venía ha decirte algo.
-Claro, dime.
-Te... yo...mmm...
Adrienne ladeó la cabeza, no entendí a donde quería llegar, o al menos, no creía que fuese lo que ella necesitaba escuchar.
-Te...
-¡Dilo ya!
-Te echo de menos.
Ginevra se dio la vuelta y echó a correr, por miedo a escuchar la respuesta.
-¡TE QUIERO!
Gin frenó en seco. Se giró despació. Posó una mano en sus labios y susurró un te quiero tan bajito, que supuso que ella no lo escucharía. No sentía el frío en sus manos, ni en su nariz sonrojada. Pero si sintió ese dulce abrazo que las unió de nuevo. Y esas manos, haciendo fuerza para no separarlas nunca.
Ese siempre, que duraría mucho más allá. ¿Entiendes? Si, de los que duran para siempre, como los besos más bonitos. Como los amores más sinceros.

Nunca quise hacerte daño, solo es un infierno sostenido, por el miedo a equivocarnos.

diciembre 06, 2009

Encuentros.

El corazón le latía con fuerza en la sien, el coche iba más rápido de lo que debería, pero Paul está pensando que le va a decir y cuanto tiempo va a estar con ella antes de irse de nuevo.

Janette acaba de echarse el rimmel y coge el bolso de encima de la cama, no sabe bien que va a decirle, ni si quiera sabe si será capaz de venir a verla.

La estación estaba vacía, daban las 21.10 y Paul esperaba pacientemente apoyado sobre su Hyunday granate. Janette doblaba la esquina cuando él salió a su encuentro. Se pararon a varios metros, analizándose con la mirada. Otra vez no.

diciembre 04, 2009

Entrega.

-Cuánto tiempo sin verte, querida.
-Sí.
-¿Te va bien?
-Mucho.
-¿Piensas seguir contestándome así, Yeirina?
-Sí, joder, sí.
-Pronto te vas a dar cuenta de que no me puedes tratar como a los demás. Que toda tu vida se puede romper solo con unas palabritas mías. Es mejor que te dejes llevar...
-Manipular quieres decir, ¿no?
-Mujer, ¡qué cosas tienes!
Semele se adelantó y lanzó lejos el cigarrillo, se giró y encaró a Yeira.
-Todo es muy fácil, tú haces lo de siempre, me das lo que me pertenece y yo guardo tu secreto, ¿si?
-Más te vale.
-¡Chst! ¿Está claro o te lo explico delante de Ka y Sonia?
-Claro, cómo no. -Asintió varias veces y tomó el camino contrario de vuelta al instituto. Su reloj ya marcaba las 9:10.
Semele observó desde uno de los bancos del Heilig Bloed su contoneo, el rápido movimiento de sus piernas y sus manos temblorosas cerradas en torno a un sobre amarillo pálido.

Quedada.

-Te fuiste.
-Y te estoy preguntando cómo te va.
-Paul, ¡te fuiste!
Sujetaba el móvil con fuerza contra su oreja, ella no paraba de repetir lo mismo y él no quería volver.
-Mira, Janette...
-Te espero donde siempre a las 21:15. -La línea se cortó antes de que él asimilara sus palabras.
-¡JODER!

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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