noviembre 21, 2009

Vuelta a las llamadas

-Paul
-¿Qué? ¿qué? ¿qué? ¿qué quieres Shailene?
Que le eches huevos, paul!
-Tú no lo entiendes, es una niña
-Yo también era una niña, no, yo soy una niña para Alberto, y ¿Te haces una idea de lo que debe estar sintiendo ella?
-Ella está bien, ella está con un chico de su edad, ella está bien.
-Ella, ella está con un tio de casi cuarenta, ella, ella está fumando caballo, ella, ella se está volviendo loca de llorar tantas noches. Ella quiere que vuelvas.
-¿Caballo?
-Si, Paul. Caballo. Lo mismo que llevaba encima el día que la conociste, y ¿como creés que acabará esa niña, por dios?
-Creo que ya es mayorcita como para saber que drogándose no me hará volver.
-Precisamente se droga para no pensar en que vuelvas.
-Estás loca Shai.
-Quizá, pero sabes que tengo razón.
-Es que, ¡no la tienes!
-Eres un poco tonto, más de lo que pensaba.
La chica de los bucles recogió las cosas que estaban en el suelo y las metió en su bolso, se puso los pantalones y cogió el teléfono móvil.
-¿Vas a llamar a Janette, o tendré que hacerlo yo?
-Shai...
-¿Vas a llamar a Janette, o tendré que hacerlo yo, Paul?
Paul se levantó de la cama y le cogió el teléfono.
-Vete.
Ella se puso de puntillas y le dio un suave beso en la mejilla. Salió antes de que él se diera cuenta.

-¿Sí?
-Janette, soy yo.

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Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
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