noviembre 22, 2009

Sin titulo.

Se levantó de la cama sin hacer ruido, sus huellas se quedaban reflejadas en las frías losas blancas del pasillo, entro en la cocina y se quedó apollada en la barra, inspirando profundamente cada vez que respiraba.
Notaba como la piel de sus muslos desnudos se ponía de gallina, y como las lágrimas le quemaban las mejillas cada vez más. Recordó que no pasaba nada grave, y lloró más.
Y ella odia llorar, pero ultimamente lo hace demasiado. La casa, el instituto, todo se le viene encima y no sabe como pararlo.
Mete un vasito con leche en el microondas, y espera tranquila. No tiene ninguna prisa. Se lia un canuto, lleva casi diez días sin fumar, hoy quiere celebrar algo.
Él la mira desde la puerta, su pose es tan delicado como su figura, es baja, pero altiva, casi parece que sabe que la está mirando. Siempre alerta, y es que ella está tan sumida en sus pensamientos que no ha sentido el calor de sus pasos.
La camiseta de U.S.A. que lleva, le llega justo hasta la pantorilla, sin taparla apenas, el roce de una pierna contra otra le hace pensar que se muere de frío, aunque no soporte los pantalones en la cama.
La mira extasiado, es ella, es.. es ella, sin duda.
Se pone de puntillas para recoger el vaso con cuidado, apolla las dos manos y le echa un poco de azúcar. Si que tiene que estar triste, que ni miel quiere echarle.
Sustituye su cigarro por un porro bien liado, con la mora ya colocada, lo pone entre sus labios rosados y la primera calada, nubla su vista. La saborea, parece que hasta sonríe, la ha disfrutado más que nunca.
Pero el todavia no se mueve, bueno, se decide a dar un par de pasos, tiene ganas de abrazarla por detrás, de apoyar los labios en su cuello, de oler su pelo y saborear esa hierba que se consume entre sus dedos, pero en sus labios. Ella se convulsiona ligeramente y empuja el vaso con el canto de la mano, el humo dibuja figuras a su alrededor,y ella apolla la frente sobre la encimera agotada de tanto sollozar.
No sabe como se siente, pero de verdad que intenta comprenderla.
-¿Vas a quedarte ahí parado?
Su voz lo sobresalta y levanta la mirada para encontrarse con un ojos tan rojos como sus uñas.
-Perdón, no quería molestarte.
Ella niega con la cabeza y hace un puchero, él decide acercarse y la abraza con fuerza. Le susurra palabras tranquilizadoras al oido y la acuna, sobretodo la acuna. Ella se deja llevar, no le apetece nada moverse, está... se siente... es...
-Gracias, amor.
-me duele verte así, pequeña.
-Lo siento, pero hoy de veras necesitaba llorar.
-Pues llora, llora todo lo que has acumulado, porque si no, acabarás por estallar, mujer.
Le beso el pelo y la cogió en brazos, la tumbó en la cama, y él junto a ella. No, ahora el está encima. Ay no, ahora es ella la que toma las riendas.
Las lágrimas son sustituidas por suspiros y las miradas...no, no hay miradas, los ojos de ambos están cerrados y se sienten cerca, más cerca que nunca.

1 comentario:

Hollie A. Deschanel dijo...

Que llore, no es bueno guardarse tanta pena ;)

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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