noviembre 26, 2009

Sin etiqueta

Cierto era que no sabía que estaba pasando, que cada circunstancia era cada vez más absurda, y que lo que Ella sentía, desde luego, no era amor.
O eso me gusta creer, porque joder, ¡Es una cría! Pero esa cría está muy adelantada. A saber donde olvidó sus últimas bragas, ¡A saber! Para mí, que las lleva flojas, porque menudo cachondeito.
Fíjate, que yo creo que al nuevino le tiene ganas, que con cuatro palabras ya la tiene majara perdida. ¡Madre mía! Que movidas se monta esta mujer, de verdad...
Ya puede tenerla satisfecha - y hablo de un futuro novio- porque si no, los cuernos -CREO YO- no se los quita nadie.
Y es que Ella no habla de amor, Ella es fiel a sus sentimientos. ¡Ella ama!, pero claro, también le gusta el sexo.
Porque Ella no piensa que sexo y amor tengan que ir ligados, ¡al revés! ¿Qué tendrá que ver?
Con amor, sin amor... ¡Tonterías!
Mientras haya feeling todo lo demás le da igual.
Pero desde luego, Ella ¡NO ESTÁ ENAMORADA! -quiere creer-
Que dificil es esto, de veras.
Pobre mujer, que solo sabe confundirse sola.

noviembre 25, 2009

Sonia, Clire o Yeira

-Quiero verte
-¿Sí?
-Sí, digamos que nunca repito con la misma, pero tú siempre eres diferente entonces... bueno, ya sabes.
-Y...¿Cómo me has encontrado?
-Vamos Yeira, eres cliente especial de este pub.- se rió y ella enarcó una ceja algo molesta.- Venga, Yei, lo estás deseando
-¿Ahora también eres adivino?
-No, pero eres bastante fácil.
Se dio la vuelta para marcharse, pero él se pego a su espalda, acariciando sus piernas bajo el vestido alilado.
-No te enfades, pequeña. Sabes que es cierto.
-¿Tanto me conoces?
-Lo procuro
-Venga Jason, no te flipes ¿quieres?.- Apartó sus manos con cuidado y siguió andando con ese contoneo -tan suyo- de caderas.
Jason la dejó ir, deleitándose al mirar sus piernecitas y las curvas de su cuerpo, imaginándolas bajo la ropa.
Un hombre de unos treinta años, muy bien puestos además, se paró frente a ella, la calle estaba repleta de gente, de niños que correteaban y ella se dedicaba a echar miraditas y toquetear al tipo.
Jason sonrió y se acercó despacio, con su aire de superioridad y con el ego apunto de explotarle en plena cara.
-Oye, perdona.
La cara de Yeira se descompuso en una mueca.
-Pero que coño...
-Sonia, ¿quién es este?
-¿Sonia? ¿No eres Clire?
Yei le dio un codazo a Jason y sonrió al chico.
-Cariño, este hombre está loco, no le hagas caso.
-¡Pero Son! Es cierto, lo sabes.
-¡Pero si ni si quiera te conozco!
-Bueno, entonces ¿Cómo se donde tienes ese mordisco?
El hombre la miró y sacudiendo la cabeza pasó de largo, dejando a Yeira temblando y a Jason muerto de la risa tras ella.

¡Pero si se ha enamorado!

Katherina se sentía bien. El día con su padre había sido el más agradable que había tenido en años.
Un arroz casi en su punto acababa de cocinarse cuando ella llegó a casa.
-¿Papá?
-Estoy en el salón
-¿Has cocinado tú?
-Si, hoy viene una amiga a comer.- Alberto entró en la cocina mientras ella lo probaba.
-¡Está buenísimo!
Él sonrió satisfecho y le besó el pelo, haciéndola enrojecer.
Shailene llamaba al timbre solo unos segundos después, aumentando los nervios del padre de Kathe.
-Hola.
-Hola, amor.
Una sonrisita ruborizada se pintó en sus comisuras, y Ka se reía desde la puerta de la cocina.
-Que bonito...

noviembre 22, 2009

Sin titulo.

Se levantó de la cama sin hacer ruido, sus huellas se quedaban reflejadas en las frías losas blancas del pasillo, entro en la cocina y se quedó apollada en la barra, inspirando profundamente cada vez que respiraba.
Notaba como la piel de sus muslos desnudos se ponía de gallina, y como las lágrimas le quemaban las mejillas cada vez más. Recordó que no pasaba nada grave, y lloró más.
Y ella odia llorar, pero ultimamente lo hace demasiado. La casa, el instituto, todo se le viene encima y no sabe como pararlo.
Mete un vasito con leche en el microondas, y espera tranquila. No tiene ninguna prisa. Se lia un canuto, lleva casi diez días sin fumar, hoy quiere celebrar algo.
Él la mira desde la puerta, su pose es tan delicado como su figura, es baja, pero altiva, casi parece que sabe que la está mirando. Siempre alerta, y es que ella está tan sumida en sus pensamientos que no ha sentido el calor de sus pasos.
La camiseta de U.S.A. que lleva, le llega justo hasta la pantorilla, sin taparla apenas, el roce de una pierna contra otra le hace pensar que se muere de frío, aunque no soporte los pantalones en la cama.
La mira extasiado, es ella, es.. es ella, sin duda.
Se pone de puntillas para recoger el vaso con cuidado, apolla las dos manos y le echa un poco de azúcar. Si que tiene que estar triste, que ni miel quiere echarle.
Sustituye su cigarro por un porro bien liado, con la mora ya colocada, lo pone entre sus labios rosados y la primera calada, nubla su vista. La saborea, parece que hasta sonríe, la ha disfrutado más que nunca.
Pero el todavia no se mueve, bueno, se decide a dar un par de pasos, tiene ganas de abrazarla por detrás, de apoyar los labios en su cuello, de oler su pelo y saborear esa hierba que se consume entre sus dedos, pero en sus labios. Ella se convulsiona ligeramente y empuja el vaso con el canto de la mano, el humo dibuja figuras a su alrededor,y ella apolla la frente sobre la encimera agotada de tanto sollozar.
No sabe como se siente, pero de verdad que intenta comprenderla.
-¿Vas a quedarte ahí parado?
Su voz lo sobresalta y levanta la mirada para encontrarse con un ojos tan rojos como sus uñas.
-Perdón, no quería molestarte.
Ella niega con la cabeza y hace un puchero, él decide acercarse y la abraza con fuerza. Le susurra palabras tranquilizadoras al oido y la acuna, sobretodo la acuna. Ella se deja llevar, no le apetece nada moverse, está... se siente... es...
-Gracias, amor.
-me duele verte así, pequeña.
-Lo siento, pero hoy de veras necesitaba llorar.
-Pues llora, llora todo lo que has acumulado, porque si no, acabarás por estallar, mujer.
Le beso el pelo y la cogió en brazos, la tumbó en la cama, y él junto a ella. No, ahora el está encima. Ay no, ahora es ella la que toma las riendas.
Las lágrimas son sustituidas por suspiros y las miradas...no, no hay miradas, los ojos de ambos están cerrados y se sienten cerca, más cerca que nunca.

noviembre 21, 2009

Vuelta a las llamadas

-Paul
-¿Qué? ¿qué? ¿qué? ¿qué quieres Shailene?
Que le eches huevos, paul!
-Tú no lo entiendes, es una niña
-Yo también era una niña, no, yo soy una niña para Alberto, y ¿Te haces una idea de lo que debe estar sintiendo ella?
-Ella está bien, ella está con un chico de su edad, ella está bien.
-Ella, ella está con un tio de casi cuarenta, ella, ella está fumando caballo, ella, ella se está volviendo loca de llorar tantas noches. Ella quiere que vuelvas.
-¿Caballo?
-Si, Paul. Caballo. Lo mismo que llevaba encima el día que la conociste, y ¿como creés que acabará esa niña, por dios?
-Creo que ya es mayorcita como para saber que drogándose no me hará volver.
-Precisamente se droga para no pensar en que vuelvas.
-Estás loca Shai.
-Quizá, pero sabes que tengo razón.
-Es que, ¡no la tienes!
-Eres un poco tonto, más de lo que pensaba.
La chica de los bucles recogió las cosas que estaban en el suelo y las metió en su bolso, se puso los pantalones y cogió el teléfono móvil.
-¿Vas a llamar a Janette, o tendré que hacerlo yo?
-Shai...
-¿Vas a llamar a Janette, o tendré que hacerlo yo, Paul?
Paul se levantó de la cama y le cogió el teléfono.
-Vete.
Ella se puso de puntillas y le dio un suave beso en la mejilla. Salió antes de que él se diera cuenta.

-¿Sí?
-Janette, soy yo.

noviembre 20, 2009

Sin titulo

Podría decirse que hoy necesito escribir algo que nunca pensé que escribiría. Pero he perdido la idea, se ha ahogado en sabe dios que... café, sí, ya sabes, de esos que preceden una noche de las buenas. O no tan buenas.
Solo son cosas que me hace decir alguien a quien no se bien como llamar.

noviembre 12, 2009

Apenas eran las ocho de la mañana y ya iba por el quinto pitillo. Se le consumían entre los dedos, sin llegar a probarlos. El vestido blanco dejaba ver unas bonitas piernas, aunque pequeñinas.
La miraban de pasada, llevaba el pelo muy liso y el flequillo caía con cuidado sobre su frente.
Tenía los ojos llorosos, casi no había dormido, Kurt era muy molesto como compañero de cama.
Sonia llegaba a casa cuando ella ya se iba. Era auxiliar de enfermería o técnico de auxiliar de enfermería como se empeñaban en llamarlo ahora.
Llevaba más de un dia entero trabajando, se la veía cansada, asi que Yeira se puso de puntillas, le besó la sien y salió de casa sin separar los labios.
A penas quedaban unos minutos para que empezaran las clases cuando se giró y la vio. Con su sudadera roja, esos ojos azules tan bonitos y su sonrisa siniestramente perfecta.
-Hola Yeirina.
-Sémele.

noviembre 09, 2009

Quizá sea el dolor de cabeza, que me hace imaginar cosas raras.

Esa sensación de que el corazón te late en la sien, los pinchazos sobre las orejas, y un dolor tan insoportable como las ganas de llorar. Y solo te acuerdas de que ella casi le besa, y de que él, casi no se aparta. Y te quedas como...
Me quedé como... no sé. Quizá solo sea el dolor de cabeza, que me hace imaginar cosas raras.

noviembre 08, 2009

Tom la llama cobarde a sus espaldas, por no luchar, cuando solo quiere ser un niño malo.

Tom seguía sentado en su sillón, como si no pasara nada, haciendo caso omiso a su prometida.
Por el contrario, Victoria se tiraba las horas sentada bajo aquella encima, mirando al horizonte y queriendo guardar bajo llave las lágrimas que había derramado, esconderlas antes de que él las notara en la comisura de sus ojos color avellana. Cada vez era más fria la relación, por lo que Tom había decidido dejar de compartir el lecho con ella, y presidir la casa desde uno de los dormitorios de la tercera planta, dejándola sola en una cama enorme, de sabanas blancas y tan húmedas que apenas podía dormir una noche del tirón.
Ya habían pasado cinco meses. La -no- boda se acercaba, y ella cada vez estaba más confundida, pero sobretodo dolida. Le dolía que no la aceptara. Le dolía que la tratara como una más. Le dolía pensar que él solo buscaba el calor de la hoguera junto a sus libros. ¿Dónde quedaron esos días de lluvia en los que se acurrucaban en la cama entre besos y caricias? ¿Dónde quedaron? Se tortura con recuerdos, y con fantasias. Emociones compuestas por un amor tan solo y tan repentinamente absurdo. Casi era como si no le conociera. Tal vez nunca lo había llegado a conocer del todo. Quizá no fuera más que un juego. Una chica más. En su cama. -porque él lo negaba, pero todos sabían que su fama de mujeriego no era inventada.- Y lloraba y lloraba. Solo sabía hacer eso. Y Tom la llamaba cobarde a sus espaldas. Por no luchar, porque él solo quería jugar a los niños malos. Eso era él, un niño escondido en el cuerpo de un señor elegante de treinta y pocos, que se dedicaba a visitar a su criada mientras su Victoria, apoyada contra la puerta, escuchaba los gemidos de otra mujer. Y los de su propio prometido. Que triste ¿no crees? Ella siempre lo dice.-Es muy triste, querida. Es muy triste que me trate así, pero bueno, es lo que desea, yo tengo que acatar todas las cosas que hagan feliz a mi amor.
Tom se reía de su ilusa actitud. De no saber pararle, porque en el fondo, eso queria ¿sabes? Quería que ella le dijera un '¡YA BASTA!' tan alto que le haría casi estallar el tímpano. Y ella solo escuchaba, miraba, y aceptaba.
Escuchar, mirar y aceptar. Justo lo que no quiere ver en una mujer. Y sin embargo, la ama tanto... tanto que piensa que se muere si ella le suelta un 'Se acabó...' tan bajito como un suspiro de los suyos. Y eso sería muy triste.-Aunque morir por amor... es muy bonito ¿No crees, querida?

noviembre 07, 2009

Saliendo de casa

Llega de madrugada a su casa, el ya está dormido. Que cosas. Antes veía la cama vacía cada noche y se lo imaginaba en sabe dios que cama con sabe dios que mujer.
Se toquetea el piercing , rozando los dos pinchos negros que sobresalen ligeramente de su nariz, indecisa de si entrar o no.
Abre la puerta con cuidado de no despertarle, se desnuda lentamente y se pone una camisa que Jota dejó tirada encima de la mesa supone que antes de dormir. Apenas abrocha un par de botones y se aupa en la cama, rodeando la cintura del chico con la mano.
Acurrucándose contra él. Hace frio, el balcón está abierto esa noche. Y no se por qué, le da la sensación de que mañana Jota tiene facultad.

noviembre 06, 2009

Hoy Gin se siente rara.

Caminaba de un lado a otro de la cocina, mirando de reojo la miel y el vasito de leche que giraba dentro del microondas. Daba golpecitos en sus sienes con el fin de pensar que era lo que había hecho mal.
Hoy Gin se siente rara. Pero no encuentra un motivo lo bastante bueno.
Creo que empieza a pensar que se está volviendo loca.
Justo en ese instante un pitido realmente molesto le da a entender que su lechita está ya lista para beberla. Y con muchas cucharaditas de miel, se lo lleva a la boca, oliéndola primero, y después bebiendo un trago que le deja la marca sobre la boca. Se relame sonriendo, le encanta ver sus bigotitos de leche.

Pero la sonrisa se apaga enseguida. Vuelve a sentirse rara. ¿que será lo proximo? ¿Ponerse a fumar?
Se siente rara, y no sabe como arreglarlo.

noviembre 05, 2009

Ann.

A Gin le castañeaban los dientes esa mañana. Hacía mucho frío y el cigarro se consumía entre sus dedos. Estaba parada frente al instituto pensando si entrar o no. Ya eran tres los días que no iba a clase.
-Hombre, ¡pero si es la desaparecida!
Detrás de ella, se levantaba Ann tan serena y segura de si misma como siempre.
-Buenos días, doña Flor.
-Otra noche de juerga ¿eh?
-Si bueno, una juerga de flipe, tia. No te haces una idea de lo bien que lo pasamos mi madre y yo ayer por la noche
-Volvisteis a jugar a las cartas ¿eh?
-Tia, que palizas me pega jugando al poker-Ambas se carcajean y andan lentamente hacia el parque empujándose con el hombro.
-¿Que tal con Jace?
-¿Jace? Oh, bien bien, ayer estuvimos en mi casa
-¿EN TU CASA? que fuerte tía, ¡eres muy jóven para tener relaciones sexuales!
Ann la mira cara de pocos amigos pero acaba riéndole la gracia.
-No, pava. Estuvimos cenando y tal...
-¡Ah! ¿Pero que encima no follasteis? Joder tia, ya te vale...
-Oye, que tú te tires hasta las piedras ¡no significa que yo sea igual!
Gin enarca una ceja y se para colocando las manos en su cintura, haciéndose notar entre el rebuelo que se monta en la separación que hay entre el instituto y el cesped de Heilig Bloed.
-Yo no me tiro todo lo que se mueve, chiquita.
-Bueno claro, las chicas te suelen dar más palo ¿no?
-Idiota...
Se sienta junto a un árbol y suelta la mochila estrepitósamente a su lado.
-Venga tia, no te piques, ¡es la verdad!
-¿Asi que soy la puta de Heilig Bloed?
-Algo así. Pero a mi me da igual ¿eh?
La niña se encoje de hombros y se apoya en la corteza gruesa de un árbol del que no recuerda su nombre.
-Pues en ese caso, estoy orgullosa de ser quien soy. No veo necesario cambiar.
Anny le revolvió el pelo con cariño y las risas de dos adolescentes tan profudanmente -(in)-maduras se escucharon desde el otro lado de uno de los puentes de Brujas.

noviembre 02, 2009

Alice.

-Alice, estoy enamorada.
-Lo sé
-¿Lo sabes?
-Eres mi hermana pequeña, ¿crees que no te conozco?
-Le quiero
-El te quiere tanto o más
-Prometelo
-uhm... no deberia, pero si, te lo prometo.

Se quieren. 2

Deja la guitarra a un lado, no es capaz de escribir más.
En el portatil ya suena Kase-O y ella se sumerje en la letra de Tarantula.
Janette tiene completamente olvidado a Paul -cree-. Hace casi un mes que no se ven. Esta cabreada pero no se siente mal ¿O sí?
Nadie le ve desde hace mucho. Nadie sabe donde, ni como está. Claro que, tampoco les importa.

Él por su parte vuelve al principio de la historia. Una chiquita demasiado borracha como para sostenerse por si sola. Era guapa y quería tirársela.
Lo tenía todo controlado, solo sexo y si te he visto, no me acuerdo.
Pobre, que iluso fue.
La noche que la besó en la estacion sintió algo diferente. Pero joder, solo tenía dieciseis años. ¿Y qué? Y el veinticinco, que coño le importa la edad. Bueno, pero eso no era lo peor. Tal cosa era que no solo se estaba enamorando él de la niña, si no que Janette se moría por sus huesos.
Estaba jodido, pero eso Jane lo suponía. Tampoco ella estaba del todo bien. Cuando le dijo que se estaba acostando con Shailene ella solo supo reaccionar cruzándole la cara y largándose antes de que le diera por bajonearse.
Ya rompería a llorar en su casa, sin que nadie la viera.

Ella es una puta luchadora

Anabella paseaba por los pasillos del hospital de día. Ya casi hacía dos horas desde que habían llegado. La quimio ahora era más larga, también algo más brusca.
Su hermana le estaba enseñando a conducir, por si su madre tenía algún problema.
El oncólogo sacudía la cabeza con desaprobación.
-Miriam, no. No vas a dejar la quimio ¿Te has vuelto loca?
-¡Pero si los marcadores no dejan de subir! No sirve para nada...
-Mujer, el tumor se ha reducido mucho, han desaparecido la mayoría de las metástasis y se que es duro, pero esa no es la salida y ambos lo sabemos.
An estaba fumándose un cigarrillo en la puerta cuando salió su madre.
-¿Qué te ha dicho?
-Los marcadores se han disparado otra vez.
-Ah... Bueno, no te preocupes, suben y bajan, ya sabes.
Ella sacudió la cabeza y aligeró el paso hasta el coche, dejando atrás a su hija.

Ella es fuerte, aunque no lo crea.
Ella es una puta luchadora.

Feliz cumpleaños

Yeira se sentó en la puerta de su casa,  llevaba unos pitillo vaqueros y una olímpica azul. Se colocaba el colgante con cuidado, rozándose la nuca con la cadena.
-Yei, ¿Dónde estás?
-Estoy aqui txiki.
Kurt salió a la puerta y la abrazó por detrás.
-¿Sabes que día es hoy, tata?
K., son las siete de la mañana, vete a dormir anda...
-Pero...hoy es un día especial...
-Si te portas bien, igual es un día aun más especial.
Le coje de la mano y lo sienta sobre ella acunándolo. Sonrió satisfecho y se acurrucó entre sus brazos, quedándose dormido tras varios minutos. Lo llevó a la cama, lo acostó con cuidado de no despertarle, y se tumbó a su lado, rodeándole con el brazo.
-Feliz cumpleaños, enano.
Kurt se removió en sueños y apoyó su mejilla contra el pecho de su hermana, escuchando el rápido latir de su corazón.
Kurt es idéntico a su padre. Le echa de menos.

noviembre 01, 2009

Por eso

Jota estaba raro ese día, piensa Gin. No sabría explicar por qué, o sí.
Creía que nunca se arrepentiría de conocerle. Pero Gin...¿está equivocada?

Toda la noche sin dormir, tratando de dar vueltas en la cama, pensativa, triste. Notaba las ganas de llorar, las lagrimitas rebeldes que se veían en las comisuras de sus ojos, pero estaba demasiado colocada como para incorporarse si quiera. Se notaba fría. Fría y ligera. Era una sensación tan agradable como molesta.

Intentaba concentrarse en calmar los latidos de su corazón, que ya notaba en la si-si-sien.
'Te quiere tía, que yo lo sé. Que se le nota'
Refunfuña. No quiere creerle, -bueno, quiere. Pero no debe.-
Con solo pensarlo le entran ganas de buscarle, de pedirle explicaciones, de mirarle a la cara apenas cinco segundos y buscar ansiosa sus labios, enterarse de cual es su sabor realmente, de comérselo con la mirada y con la lengua. De abrazarle, y-y-y... -se deprime-
De las ilusiones se vive ¿no?
Pues Gin también. Tal vez solo exista por eso.

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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