octubre 17, 2009

S. llorar por llorar.

No estaba precisamente contenta esa tarde, estaba sentada en la puerta de la casa de Alberto. Era miércoles.
Aunque ella sabía que estaría con su hija, quiso pasarse a saludar, o a no solo saludar.
Escuchó las voces dentro de la casa, escuchó a la niña llorar, y se quedó parada en la entrada, sin saber que hacer.
No podía creerse que fuera tan violento; '¿Alberto? que va, siempre la ha tratado bien, esa niña debe ser un demonio' pensaba una y otra vez. Estaba empapada por la lluvia, y dichosas lagrimas que se empeñaban en corroer sus mejillas enrabietadas.
Echó a andar hacia ningun lado, tal vez se pasaría por casa de Paul. No. Mejor por casa de Jonás. Ese tipo siempre estaba cachondo.
Se había cansado de llorar por llorar.

5 comentarios:

Autodestrucción; dijo...

primera vez que paso por acá
que lindo el blog :)

Vientos de locura dijo...

Me encantó la última frase! Cuántas veces que lloramos por llorar en vez de actuar! o de intentar estar mejor!

Lindo blog :)
te sigo!

Un abrazo!

Dara Scully dijo...

Llorar por llorar deja marcas feas en las mejillas, y luego son dificilísimas de quitar. ¡te lo digo yo!



miau
de
bizcocho
calentito

La ladrona de besos dijo...

Si, creo que la acompaño a ver a Jonás.
:)

SentirTusLatidos dijo...

Llorar desahoga todo lo que tenemos dentro, como dices no es bueno llorar por llorar, pero a veces es necesario.

Es la 1a vez que paso por tu blog y me gusta, te sigo!

Mil y un besos rellenitos de latidos :)

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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