octubre 03, 2009

Loco.

Alberto llegó a su casa a eso de las dos y media de la madrugada. El frío se colaba entre sus ropas, pero la botella de whisky le mantenía caliente.

Aporreó la puerta con fuerza, no encontraba las llaves, pero sabía que Katherina estaría durmiendo en su cuarto.
Se le desencajaba la expresión cada vez que recordaba la cara de su hija “puta niña…”
Katherina bajó las escaleras tan rápido como pudo y abrió la puerta a su padre. Ya empezaba a disculparse cuando recibió el primer golpe.
Alberto estaba loco de cólera y la niña ahogó un gemido cuando su padre la asió del pelo forzándola a levantarse.
-Papá, papá por favor…
Kathe ya estaba llorando. Cada vez que su padre volvía de madrugada bebido, la paliza era inhumana. La última vez, le rompió tres costillas y el brazo por dos lados diferentes. Sin contar los cortes y las magulladuras.
El seguía sin contestarle, arrastrándola hasta llevarla a su cuarto. Ya ella sabía lo que iba a pasar y trataba de apaciguarse sin más, pero un temblor brutal la recorría de pies a cabeza. Su fino pijama se rasgó bajo las manos de su querido papá. Ella solo supo quedarse quieta y cerrar los ojos con fuerza.
Maldito miedo que la recorría…
La miraba con los ojos desorbitados, apretando sus senos con fuerza. Las lágrimas empapaban las sábanas y la respiración de ella se hacía más ronca. Era realmente repugnante.
De repente se levantó, se desató el cinturón y se quedó mirándola con desprecio.
-Zorra, ojala te mueras antes de salir de esta casa.
Y solo así, un sinfín de latigazos adornaron gran parte de su cuerpo, haciéndola gritar y llorar con ímpetu.
Estaba loco aquella noche.

1 comentario:

Arenas dijo...

es tan triste que ahora, en el siglo XXI, siga habiendo gente así...
te quiero mucho, siempre te querré.

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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