octubre 02, 2009

Ese hombre la vuelve majara

-Hola preciosidad. -dijo Jonás sonriéndole y besandole en la sien con suavidad.
-¡Hola bichín! Pensé que me habías abandonado esta noche.
Gin cerró la puerta del piso con rapidez, mirándo a ambos lados del pasillo y asegurandose de que nadie les veía. Se giró sobre sus pies con una sonrisa sugerente en sus comisuras y él, sin esperar nada más se acercó besandola ansioso.
-¿sabes Jonás?
La mirada de su acompañante se paró frente a la suya tras perfilar su oreja con la punta de la lengua.
-Dime pequeñica.
Ginevra sin contestarle le empuja hasta su cama, donde cae de espaldas y se queda mirándola embobado mientras ella arrastra las manos desde su cintura levantadose la camiseta con brusquedad. Alex se queda sentado y la acerca un poco tirando de ella desde su trasero, le da ligeros besos en el vientre y le desabrocha el sujetador perfilando cuidadosamente sus senos.
Ahoga un gemido, ese hombre la vuelve majara. Se sienta sobre el mordiendole el cuello varias veces, acariciandole el torso y bajando las manos hasta su cinturón, desabrochandolo extasiada en su mirada.
-Joder Gin, me entran ganas de comerte cuando te pones así
Ignora sus palabras concentrada solo en acariciarle ligeramente mientras sus labios bajan por su pecho. Jonás la incorpora un poco, está demasiado excitado como para pensar solo en que los labios de ella se cerraran entorno a su polla. No, no, es incapaz, quiere estar dentro de ella. Y asi se lo dice.
-Follemos nena
-Para algo te hice venir ¿no?-sonríe traviesa mientras juguetea con un mechón de su cabello ondulado.
Él cada vez estaba más cachondo, esa niña le obligaba a hacer cosas que nunca hubiese pensado, pero solo pensar en irse le escandalizaba.
Subiendole la falda tranquilamente, se concentra en respirar su aroma. La acaricia con los dedos y ella jadea tirándole del pelo. Clava sus dedos en las costillas del chaval.
Alarga el brazo hasta su bolso y saca un condon, golpeandole la nariz con dulzura.
-¿Me lo pones reina?
Se aupa un poco sonriendo, mientras ella le besa y le coloca el condon con un cuidado infinito, haciendole suspirar varias veces.
La penetra. Despacio. Un poco más rápido. sintiéndola. Y cada vez más. Y la besa, y la acaricia, y la hace gemir, la vuelve loca bajo sus labios, y lo que no son sus labios. La vuelve majara. Y él lo es con ella.
Toda una noche, con una musiquita lenta de fondo que no logra escucharse por culpa de gritos de placer que se escapan de entre sus labios.
Y toda una mañana, durmiendo el uno junto al otro. Abrazados. Desnudos. Y pegajosos por culpa del sudor.

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Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
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