octubre 19, 2009

Cuanto la admiraba

Kurt entró en casa derrapando e imaginando que sus piernas eran las ruedas de una gran moto. Su madre sacudía la cabeza sonriendo desde la puerta.
-Cariño, ¿estás en casa?
Nadie contestó, por lo que supuso que no estaba.
-Chiquitín, ven aquí, vamos a tomar algo de merienda ¿Sí?
-Jo, mamá...
-Venga, ¡vamos, vamos!
Le dio un golpecito en el trasero, empujándole con suavidad hacia la cocina.
-Mami, mami, ¿sabes qué?
-¡Digamelón! - se rió ella
-Dentro de...quince días ¡cumplo todos estos años! - señalo todos los dedos de una de sus diminutas manos.
-¡ALA! Pero ¡si estás hecho todo un viejecito Kurt!
-Lo sé, mamá, lo sé. Yei no podrá volver a llamarme enano, ¿te imaginas?- dijo orgulloso de si mismo.
-¡Jolín! ¿Yo tampoco podré llamarte chiquitín?
El niño pasa junto a su madre con el nesquick en la mano y se abraza a su pierna mimoso.
-Tu sí, por favor ¡que cosas tienes!
-Ah, ¡bueno!
Le revolvió el pelo y se dirigió al baño a darse una ducha.
-Cariño, estoy en el baño, portate bien ¿eh?
-Si, sí ¡Brum, brrrrrrrrrrrrum!
Quince minutos, lo justo para relajarse. Salió del baño envuelta en una toalla rosada.
-¡Maaaaaaaaaaaaaaami!
Kurt corría de un lado a otro con su moto imaginaria.
-¿Mamá?
-Estoy en mi cuarto, hija.
Se asomó sonriendo y la saludó con un movimiento rápido.
-¿qué tal el día?
-Bien, sin más.- sonrió con picardía y su madre la observó detenidamente.
-Estas hecha toda una mujer, cielo.
Cuanto la admiraba... Yeira se acercó y abrazó a su madre con dulzura.

1 comentario:

Sentir tus latidos ♥ dijo...

Te sigo! Tus textos son fascinantes :) Te espero por mi blog.

Chiquitin es precioso, tan dulce y gracioso como un niño pequeño, me encanta.

Mil y un besos rellenitos de latidos :)

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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