octubre 12, 2009

Cansada de hacerse la valiente.

Cada mañana de los miércoles era menos apetecible. Justo ese día estaba nublado, era realmente asqueroso. Katherina se fumaba un porro en las escaleras de su piso, notaba el calor en su garganta, estaba demasiado cargado, pero necesitaba colocarse.
Las lágrimas empañaban sus ojitos azules esa mañana. Estaba asustada.
Estaba escondida tras una mascara de continua hipocresia, pero a veces se agotaba y lloraba como una niña que era.
Siempre piensa que las cosas volverán a su cauce, como si fuera un río. Pero cada Miercoles se da cuenta de que no se engaña mas porque no puede.
Después del instituto llega a casa, su padre está sentado en los escalones. Fuma.
-Hola papá
-Katherina, hoy quiero hablar contigo..- Casi parece que Alberto suspira
-Claro, ¿entramos?
Su padre, caballeroso esa tarde, le abre la puerta y le cede el paso, acariciándole el pelo con... ¿ternura?
Kathe extrañada le mira. Tiene los ojos humedos.
-Papá, ¿estás.. bien?
Sacude la cabeza y la empuja hacia dentro, ya con menos dulzura.
-Entra Katherina. Entra y dejame hablar a mí.
La niña deja en la entrada su mochila y con las manos bien tapadas con su sudadera se sienta en el sofá.
-¿Sabes? como te he dicho tantas veces, me asquea que lleves mi sangre por esas venitas tuyas. -Señala sus muñecas- Y veo que las tienes bien larguitas ¿eh?
-¿qué quieres decir?
Se levantó con una sonrisita siniestra en sus comisuras y tras ir a la cocina y coger un cuchillo con sierra, se sentó a su lado, pasandole una mano por los hombros.
-Papá.. ¿que coño haces?
Katherina hizo un simple amago de levantarse y las manos de él se cerraron en su nuca.
-Aquí quieta. Hoy vamos a jugar a los medicos ¿quieres?
-No, ¡No quiero! ¡Sueltame!
-Cállate.
Papá por favor, no hagas tonterias..
-Ya la hice, ahora solo la voy a remediar.
Un hilo de sangre se escapó entre su piel. Apretó la mandibula con fuerza y le sostuvo la mirada.
-No me mires, puta.
-No me mires, mamón.
 Le escupió en plena cara y salió corriendo hasta la puerta principal, tropezando con todo lo que había en su camino. Alberto la perseguía gritando su nombre con profunda histeria.
-¡KATHERINA! ¡VEN AQUI JODIDA PERRA O ME VERÁS CABREADO!
Salió a la calle sujetándose la muñeca ensangrentada, pero cuando quiso darse cuenta, su padre estaba detrás de ella y la amenazaba con rajarle la yugular.

Ya estaba metida en la cama, con su muñeca vendada, y arropada hasta las orejas. Los golpes le dolían más que nunca. Y notaba como sus costillas temblaban con cada ruido.
Estaba cansada de recibir y callar. Estaba cansada de hacerse la valiente.

1 comentario:

Xenari dijo...

Me has dejado helada :/
Y.. [b]te quiero[/b]¿vale? :)

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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