octubre 30, 2009

Él.

Él, él era lo que ella nunca pensó encontrar en el mundo.
Él, él era importante para ella.
Él, él era lo que le hacía aceptar que su madre pudiese morir.
Él, él era el que la hacía sonreir después de llevar horas llorando.
Él, él era la persona que ella quería, aunque él no supiese admitirlo.
Él.. el era un todo y un nada en una vida de locos en la que no sabía si cabía.
Él, él era tanto, que dolía.
Él la quería tanto y tan mal... Ella le quería tanto y tan estúpidamente...

Ya es mucho tiempo, dice ella. Ya es pasarse demasiado. Ya es querer verle. Ya es...
A tirado toda la miel a la basura, y mira que le estaba costando y se está enganchando al tabaco.

Él ya no es nada. Él quiso no ser nada.
Y ella, ella ha salido de su vida.

octubre 28, 2009

KG

-Que bien me siento
-¿Sí?
-Kelly, tia, no sabes lo bien que me sienta decir las cosas en plan borde, es genial!
-Te dije que molaba
-Si es que eres la mejor, joder.
Gin abraza a su amiga y le susurra un gracias en muy bajito.

octubre 27, 2009

Sé.

Se de alguien que enloquecerá si no te siente.
Se de alguien que se morirá del asco, de tanto echarte de menos.

octubre 26, 2009

1:54, Martes

1:54

Que raro, normalmente las peleas no eran tan temprano...
uhm, pero ¿discutimos?
Gin se encoje de hombros y se muerde el labio. Se rie ligeramente al recordar una estupidez. Buah, que morao lleva. Que decía? ah, se muerde el labio, y piensa cuantos besos le debe aún!
Jo, los guardaré para el proximo.
Jolin, cada vez duran menos. Creo que esta miel está caducada ¿eh? ¿tú que piensas Balú?
Suspira y aun sonriendo llora.
Y se queda dormida, acurrucada junto a la ovejita francesa que le regaló su hermana una vez.

octubre 23, 2009

Se quieren.

Trató de hacerse la mayor, de no gritarle y perder los estribos. No era nadie para hacerlo.
Frente a ella, estaba Paul envuelto desde la cintura hasta las rodillas con una toalla blanquecina, y detrás de él estaba otra mujer, era bien linda.
-¡Pequeña! Pero, ¿qué haces tú aquí?
-Pasaba por aquí, y.. pensé subir a saludar, pero perdonad, ¡ya me voy!
Intentó sonreir, pero el atisbo no llegó si quiera a sus ojos, y Paul sintió un gran nudo en el estómago.
-hey Janette, espera.. Yo..
Ella sacude la cabeza y asiente levemente en señal de aprobación. Se gira y sale de la casa, con paso lento, pero baja las escaleras tan deprisa que parece que en cada escalón está más próxima la caída.
Paul se queda en la ventana que da a la entrada, esperando ver el cuerpecito menudo de su amor, mientras las manos de Shailene cobran vida y le rodean, dándole el calor que sus extremidades necesitan.
Ella se disculpa en un susurro apenas audible y él se gira para abrazarla, sin querer mirar a la chiquitina de ojos verdes que corre en ninguna dirección con las manos alrededor de su cintura.

Se queda sentada junto al penúltimo árbol de aquel parque tan grande, apenas son las dos de la tarde, pero ya el frío de Octubre le dice que debería volver a casa y meterse en su cama pequeña, intentar dormir y no querer soñar. Pero se niega a moverse, tampoco quiere llorar, no serviría de nada. Ella solo quería besarle, y que él la amase como lo había hecho al principio. Pero ya eran otrros tiempos. Y parecía que Paul olvidaba que era el querer. Y mucho más, que era quererla a ella.

Pero Paul no sentía eso, a Paul se le caía el alma a pedacitos cuando ella pensaba tal cosa, porque el lo sabía. Era un tipo listo, y notaba el dolor en sus mejillas sonrosadas por el frío. El sabía que ella se estaba enamorando, y aún así, no veía que hacer. Dejar de buscarla sería una tortura demasiado grande, pero verla, tocarla, y hacerse dueño de ella, sería tan doloroso como que le clavaran mil puñaladas con cada caricia. Buscaba en Shailene lo que no debía encontrar en Janette, aunque ni de lejos era lo mismo.
No. Él, aun sin querer admitirlo, sabía que ella sabía que la amaba. Y que poco más que aceptarlo se podía hacer. Él la quiere. Ella le quiere. Pero parece ser un amor de estos posiblemente imposibles. En los que reina la infidelidad, aunque después ni de lejos se sienta lo mismo.

octubre 22, 2009

Una calada de miel

Dejé el paquete de tabaco encima de la mesa, y me quedé mirándolo.
No quería probar algo que enganchase, o algo que ya me tuviese enganchada de alguna manera. No, no. Tenía que cortar por lo sano.
Que rabia, tengo que tener más personalidad y ser capaz de hacer las cosas como las digo.
Saqué un cigarrillo y me lo acerqué a los labios, ya tenía el mechero en la mano, pero no lo encendía.
Quizá.. si fuera capaz de esperar hasta mañana..
Lo rompí, y como los treinta y cuatro anteriores, lo puse sobre el cenicero. Quería probar a llorar en vez de fumar. Es menos adictivo y más sano.
Bueno, solo..una calada...
-Vamos, solo una, y lo apagas
Lo coloqué con cuidado entre mis labios, y lo prendí con la llama pequeñita del mechero de algún tío de los que pasaron por allí.
Inspiré.
-Oh, coño...
Una mezcla de tabaco y miel -consumida hacia poco- atravesó mi garganta, dejándome profundamente descolocada y con más mono que nunca.
Me quedé mirando como se consumía, sin soltarlo, sin probarlo, solo mirar. Mirar y no ver. Ya me había alejado de ese preterito perfecto. Ahora estaba en un pasado bastante más bonito, o que me apetecia ver como bonito. Tan adictivo como ese asqueroso tabaco que aún me recorría. Un 'nosotros' salió de mis labios, pero tan bajito tan bajito, que apenas se confundió con un suspiro.
Ya quedaba una sola calada, una calada de miel, que me apresuré a tomar antes de olvidar ese recuerdo.
El recuerdo de un beso que nunca conocí, pero que todavía me tiene enganchada.

Caprichosa

-Hoy me apetece un poco de miel.
-¿miel? ¿Se puede saber que te ha dado con la miel?
Gin se quedó pensativa un momento y recordó una noche y un él.
-¿A mi? Nada especial, me gusta, sin más.-mintió
-Ya, claro. No deberías mentirme cariño, soy tu novio ¿recuerdas?
-Piensa lo que quieres, sabes que poco me importa, cariño.
-Caprichosa.
-No quieras cambiarme ya

Te echo de menos.

Hoy te echo de menos. Pero porque se que estás.
Hoy, hoy te echo mucho de menos. Pero porque eres parte del mundo.
hoy, hoy te echo demasiado de menos. Pero.. ¿por qué tantos peros?
Hoy solo te echo de menos. Hoy solo quiero echarte de menos. Hoy no hay peros que valgan.
Hoy.. hoy te echo de menos.


-¿Y tú? ¿Me echas de menos?
-...
-Oh..

octubre 20, 2009

Una de despedidas.


-hasta otra, niña.
-...
-Venga, no seas así, dime al menos adiós
-...
-Giiiiiiiiiiiiiin, despídete de mí
-No me gusta decir adiós...
-Bueno, solo esta vez, y ya no tendrás que decirlo nunca más.
-Ya son muchas las veces que me lo has dicho, y no, no voy a decir adios.
-Pues adios.
-hasta...
Ginevra sacudió la cabeza y se dio media vuelta.

octubre 19, 2009

Maldita realidad

bla bla bla.
Ni si quiera le ve el sentido a lo que le cuenta. ¿Eso es un padre? Eso... eso es... eso no es ni persona...
-Alberto, ¿qué haces?
Shailene sujeta el pomo de la puerta, sabe que si lo suelta se caerá. Alberto sujeta la nuca de su hija y con una sonrisa siniestra, la golpea contra el suelo, pero cuando ve a su amor en la puerta, la mira petrificado.
-Shai, Shai cariño, yo..- Da un paso hacia delante con las manos hacia delante. Están ensangrentadas.
-No no. Ni me toques.
Sale de la casa, y baja los escalones lo más rapido que puede. ¡QUE ILUSA!
Dios mio, el otro dia pensando que no podía ser, y hoy... hoy... maldita realidad
Golpea todo furioso.
-MIERDA MIERDA ¡MIERDA!
Katherina se acurruca en la esquina, y le mira de reojo. Está temblando, pero no de miedo, tiene frío. La sangre se mezcla con las lágrimas de cansancio de la niña, que se levanta y sale de casa, dejando a su padre junto a la puerta, llorando desconsolado, y maldiciendose así mismo.
Por una vez, dos personas que se odian y se aman a la vez, coinciden en lo mismo.
"Odio tener que llamarle papá"

Algo que me recorre

Tal vez eso de dos palabras -"Te odio"- sean pocas para expresar los sentimientos que me recorren. Tal vez sean perfectas, o tal vez, solo lo fueran en aquel instante. Señor me doy por aludido porque quiero, simplemente plasmo aqui, allá, y en cualquier sitio en el que se puede escribir, PENSAMIENTOS, repito, pensamientos con un sinfinnnnnnnnnn de equivocaciones. O no tantas.

Calla, solo escucha/lee. Calla.

Sonríe, sonrie como cada mañana cuando me ves, -aunque no me veas- sonríe con cada suspirito que me robas de entre los labios, disfruta haciendome feliz, y disfruta viendome triste por tus actos, o por los mios. Por los de ambos. No, no se trata de amor -Creo- solo de algo que me llena, una amistad especial, -porque por desgracia, solo es amistad- deberia estar contenta, dichosa, pero soy iiiiiincapaz. -TOMA EGOISMO-
Y ahora es cuando daria golpes a las cosas, pero prefiero quedar los deditos temblorosos pegados a las teclas del portatil, respirar hondo un par de veces y seguir escribiendo esto.
No es ninguna historia. No hablo ni de Kurt, ni de Sonia, Ni de Victoria ni de Jota o Jonás. Hablo de alguien más especial. Hablo de algo que de verdad significa mucho. Hablo de mí. -Sí, me importo. ¿es malo?-
Que no leas. Que no sigas leyendo. Si no te gusta, para. Sencillo.
Solo una ultima cosa, -más bien, duda, pero en fin- Te quiero, no te quiero, te quiero, no te quiero. ¿Te quiero?
Enséñame que significa querer, y te diré si de verdad siento amor o es solo algo. Algo que me recorre.

Cuanto la admiraba

Kurt entró en casa derrapando e imaginando que sus piernas eran las ruedas de una gran moto. Su madre sacudía la cabeza sonriendo desde la puerta.
-Cariño, ¿estás en casa?
Nadie contestó, por lo que supuso que no estaba.
-Chiquitín, ven aquí, vamos a tomar algo de merienda ¿Sí?
-Jo, mamá...
-Venga, ¡vamos, vamos!
Le dio un golpecito en el trasero, empujándole con suavidad hacia la cocina.
-Mami, mami, ¿sabes qué?
-¡Digamelón! - se rió ella
-Dentro de...quince días ¡cumplo todos estos años! - señalo todos los dedos de una de sus diminutas manos.
-¡ALA! Pero ¡si estás hecho todo un viejecito Kurt!
-Lo sé, mamá, lo sé. Yei no podrá volver a llamarme enano, ¿te imaginas?- dijo orgulloso de si mismo.
-¡Jolín! ¿Yo tampoco podré llamarte chiquitín?
El niño pasa junto a su madre con el nesquick en la mano y se abraza a su pierna mimoso.
-Tu sí, por favor ¡que cosas tienes!
-Ah, ¡bueno!
Le revolvió el pelo y se dirigió al baño a darse una ducha.
-Cariño, estoy en el baño, portate bien ¿eh?
-Si, sí ¡Brum, brrrrrrrrrrrrum!
Quince minutos, lo justo para relajarse. Salió del baño envuelta en una toalla rosada.
-¡Maaaaaaaaaaaaaaami!
Kurt corría de un lado a otro con su moto imaginaria.
-¿Mamá?
-Estoy en mi cuarto, hija.
Se asomó sonriendo y la saludó con un movimiento rápido.
-¿qué tal el día?
-Bien, sin más.- sonrió con picardía y su madre la observó detenidamente.
-Estas hecha toda una mujer, cielo.
Cuanto la admiraba... Yeira se acercó y abrazó a su madre con dulzura.

octubre 18, 2009

Solo dos.

Y ahora sí, solo dos palabras, TE ODIO.

Quiero hacerte una propuesta

-¡Maaaaaaaaaaariam!
-¿queeeeeeeeeeeé? Pesado
-Que te quiero hacer miiiiiiiiiiía
Mariam se carcajea y se gira para mirarle, enredandose las sábanas en sus piernas.
-Repitelo otra vez
-Quiero hacerte mía.
Mariam deja de sonreir y se sienta sobre su novio, él la sujeta por las caderas y la acaricia despacio sin dejar de mirarla. Está sentado, y apoya la espalda en la pared de la cabecera de la cama, ella dibuja figuras indescifrables en su pecho con la punta de la lengua. El suspira y la toquetea. Ella sonríe. El se calienta. Ella se levanta, va al baño y vuelve con un condón colocado sensualmente entre sus dientes.
Taylor le hace el amor con infinita dulzura, así como le gustaba a Mariam, haciéndole sentir cada beso, y disfrutando de cada caricia, que enfrascaba en un rinconcito de su corazón de hielo fundido.

-Te quiero mi amor
-Mariam, tengo que hacerte una propuesta
Se incorpora un poco, y le mira con toda la sabiduria del mundo, Taylor se estremece y la besa.
-¿Quieres casarte conmigo, Mariam?
[...]

Mariamsaledelacamaconunalagrimayacorriendoporsumejilla

Ciento y algo

Yeira salió del baño con el pintalabios rojo algo difuminado, y marcas por todos lados, llevaba el vestido azul del revés, colocado con muy poco cuidado, y algo desabrochado, dejando ver un sujetador rasgado.
-hé, niñita.
Ella se gira con una mueca de fastidio y enarca una ceja.
-¿hmm?
-¿Cómo te llamas?
-Para tí, Irene.
-¿Para mí? ¿Le dices nombres falsos a la gente?
-Le digo nombres falsos a los tíos que no tienen ni puta idea de como hacerme disfrutar. Tú eres el número.. ciento y algo, asi que sí. Para tí, Irene.
-Zorra.
-Oh, como tu madre.
Yeira salió del bar con una sonrisa muy linda, y el tipo se quedo en la puerta insultándola. Ella estaba tan acostumbrada, que le dio exactamente igual lo que aquel... señor dijera.
Total, habia conseguido lo que queria. Aunque ese polvo no hubiese sido el mejor, habia logrado engatusar a otro hombre, y en menos de un minuto.
'Ay maldita Yeira, cada vez me sorprendes más' se susurra entre risitas [...]

octubre 17, 2009

S. llorar por llorar.

No estaba precisamente contenta esa tarde, estaba sentada en la puerta de la casa de Alberto. Era miércoles.
Aunque ella sabía que estaría con su hija, quiso pasarse a saludar, o a no solo saludar.
Escuchó las voces dentro de la casa, escuchó a la niña llorar, y se quedó parada en la entrada, sin saber que hacer.
No podía creerse que fuera tan violento; '¿Alberto? que va, siempre la ha tratado bien, esa niña debe ser un demonio' pensaba una y otra vez. Estaba empapada por la lluvia, y dichosas lagrimas que se empeñaban en corroer sus mejillas enrabietadas.
Echó a andar hacia ningun lado, tal vez se pasaría por casa de Paul. No. Mejor por casa de Jonás. Ese tipo siempre estaba cachondo.
Se había cansado de llorar por llorar.

octubre 15, 2009

Una porcioncita de Janette

Habían pensado verse como cada día en la estacion del lado sur, pero Janette no quiso darle el gusto de ir. Su cabecita seguia recordando mensajes irónicos y estupideces de esas que a ella no le gustaban ni un pelo. Pero claro, también recordaba a su querido Paul, con ese sabor que dejaba en sus sabanas, ¿miel? dichosa miel que la volvía loca cada noche calenturienta y sola.

Paul manoseaba la tostada pensando en quien sabe qué. Bueno sí, todos sabemos que piensa en su chiquitina. Obviamente, ni sus noches pasionales con Shailene son suficientes. La deja caer sobre el plato, ya sin hambre, y se da una ducha fría para intentar bajar esa erección que un simple pensamiento le ha causado.
Sin ni si quiera tocarle, Paul se excitaba, solo pensaba en ella, en su cama, dormida, con su camisa puesta y no más que unas bragas de color oscuro.

Sonó un par de veces antes de que lo cogiera.
-¿sí?
-Jane, soy Paul.
-Ah, hola Paul.
-¿todo bien?
-Perfecto, hoy quedé con un..una amiga para comer.-rie algo nerviosa.
-No tienes que mentirme, si has quedado con un chavalín, no es mi problema.
-Claro, a ti te suda los huevos todo ¿eh, amor?
-No empieces
-No empiezo. Acabo.
Paul sabía que si por casualidad, el tema se desbordaba, ella colgaría y no volvería a cogerle el móvil. Asi que, estaba parado frente a la puerta de su casa. Esperandola.
Janette pareció perderse en su mirada un segundo, para luego recobrarse enseguida y poner esa cara de fastidio que tan graciosa le parecía a su hombre.
Sin si quiera dejarla reaccionar, puso sus manos sobre la cintura de la niña y la beso, con fuerza. Janette ni se movió, no se molestó ni en cerrar sus ojitos color cielo encapuchado. Pero estaba disfrutando. Ya pocas cosas le gustaban más que sentir cerca a ese tipo.
Se alejó, dejando su perfume suave enredado su nariz y entre sus dedos expertos.
Se mordió el labio durante casi veinte minutos, sonreía cuando lo recordaba y se enfurruñaba cuando pensaba en que solo iba a ver a su hermanito pequeño.

octubre 12, 2009

Cansada de hacerse la valiente.

Cada mañana de los miércoles era menos apetecible. Justo ese día estaba nublado, era realmente asqueroso. Katherina se fumaba un porro en las escaleras de su piso, notaba el calor en su garganta, estaba demasiado cargado, pero necesitaba colocarse.
Las lágrimas empañaban sus ojitos azules esa mañana. Estaba asustada.
Estaba escondida tras una mascara de continua hipocresia, pero a veces se agotaba y lloraba como una niña que era.
Siempre piensa que las cosas volverán a su cauce, como si fuera un río. Pero cada Miercoles se da cuenta de que no se engaña mas porque no puede.
Después del instituto llega a casa, su padre está sentado en los escalones. Fuma.
-Hola papá
-Katherina, hoy quiero hablar contigo..- Casi parece que Alberto suspira
-Claro, ¿entramos?
Su padre, caballeroso esa tarde, le abre la puerta y le cede el paso, acariciándole el pelo con... ¿ternura?
Kathe extrañada le mira. Tiene los ojos humedos.
-Papá, ¿estás.. bien?
Sacude la cabeza y la empuja hacia dentro, ya con menos dulzura.
-Entra Katherina. Entra y dejame hablar a mí.
La niña deja en la entrada su mochila y con las manos bien tapadas con su sudadera se sienta en el sofá.
-¿Sabes? como te he dicho tantas veces, me asquea que lleves mi sangre por esas venitas tuyas. -Señala sus muñecas- Y veo que las tienes bien larguitas ¿eh?
-¿qué quieres decir?
Se levantó con una sonrisita siniestra en sus comisuras y tras ir a la cocina y coger un cuchillo con sierra, se sentó a su lado, pasandole una mano por los hombros.
-Papá.. ¿que coño haces?
Katherina hizo un simple amago de levantarse y las manos de él se cerraron en su nuca.
-Aquí quieta. Hoy vamos a jugar a los medicos ¿quieres?
-No, ¡No quiero! ¡Sueltame!
-Cállate.
Papá por favor, no hagas tonterias..
-Ya la hice, ahora solo la voy a remediar.
Un hilo de sangre se escapó entre su piel. Apretó la mandibula con fuerza y le sostuvo la mirada.
-No me mires, puta.
-No me mires, mamón.
 Le escupió en plena cara y salió corriendo hasta la puerta principal, tropezando con todo lo que había en su camino. Alberto la perseguía gritando su nombre con profunda histeria.
-¡KATHERINA! ¡VEN AQUI JODIDA PERRA O ME VERÁS CABREADO!
Salió a la calle sujetándose la muñeca ensangrentada, pero cuando quiso darse cuenta, su padre estaba detrás de ella y la amenazaba con rajarle la yugular.

Ya estaba metida en la cama, con su muñeca vendada, y arropada hasta las orejas. Los golpes le dolían más que nunca. Y notaba como sus costillas temblaban con cada ruido.
Estaba cansada de recibir y callar. Estaba cansada de hacerse la valiente.

octubre 11, 2009

Felices

-¡An!
Se rió mirándole embobado, ella seguía bailando completamente entusiasmada.
-¡Max!
-Oye pequeña, ¡no me imites! - la sujeta por la cintura y la besa con dulzura antes de que conteste, ella le abraza sonriendo. Es feliz.
Maxxie y An están paseando por aquel pueblecito pequeño. El de ella. Se paran, se besan, sus dedos siguen entrelazados. Todo el día. Son felices.
Ya son más de las tres y empiezan a tener hambre
-Amor, yo no se tú, pero yo me muero de hambre..-An se sujeta el vientre ruborizada y él se rie al verla.
-Oh, espera ¡que te invito a comer! -La besa y juguetea con su lengua- ¿sigues con hambre?
-ja, ja ¡Graciosillo! bésame, bésame, bésame -An tararea la base de alguna canción conocida y Max la besa cada vez que ella se lo pide, entre risas. Extasiado por su mirada.
-Te quiero
Ella suspira y le muerde el cuello suavemente, susurrandole al oido cosas indescifrables.
-querer.. creo que las palabras se me quedan cortas, cariño. Pero sí, te quiero, o algo de eso.
Y le besa, otra y otra vez y se sacia cada vez más, entre lametones y caricias. ¡Que maldita felicidad!

octubre 10, 2009

¿qué hacer?

-Ya, ya, lo que tú digas, ¡Cómo no!
-No seas cría, Sonia.
-No lo seas tú.
-Siempre yo, siempre soy todo para tí.
-eras, hombre. - Le corregí
-Son, ya está bien de hacerte la victima
-Sabes mucho de eso ¿verdad? Tú eres siempre la victima en este mundo de malas personas. Como eres un santo...
-hé, no me hables así.
-¿ves? ¿y ahora qué? ¿harás como ayer? ¿Me cerraras la boca a hostias?
-Cállate.
-No, estoy harta de que te creas mi dueño, ¿de que vas?
-¡Cállate!
Agaché las orejas y salí del dormitorio, total ¿qué otra cosa podía hacer?

Desastre.

Es un desastre, yo sé que es un puto desastre. No consigo recordar la primera mirada, o ese primer te quiero, pero la verdad no me importa. Recuerdo el último y eso es un DESASTRE.
Quizás solo esté sobrevalorando el amor, quizás todo lo que digo sentir no sea más que fruto de mi imaginación o simplemente sienta algo parecido y eso es.. bueno, ya sabes, un desastre.
A veces me gustaría que fuese así, pero luego te veo, justo en frente y se rompen mis esquemas -igual que los tuyos ¿recuerdas?- y todo el mundo parece derrumbarse a nuestro alrededor, solo que al final, tú sales sin problemas y a mi me cuesta la misma vida atravesar el camino entre escombros. que desastre...
Son días buenos, o no tan buenos, pero no malos, no, no, nunca malos.
Son ilusiones "rotas" y palabras "repetidas" son locuras, dulces locuras, de esas que se te clavan en el corazón como si fuera un dardo. De esas que como masoca que eres, te enamoran. DESASTRES.
Desastres que no estoy dispuesta a abandonar. Y ya puede venir dios a decirme que me vaya, que hasta que no lo crea necesario, no saldré del campo de batalla. Aunque haya posibilidad de caer antes del regreso.
Ese sería realmente, el único desastre.

octubre 08, 2009

El hombre de antes.

Las tres de la mañana eran ya y Janette seguía esperando en la estación del lado sur. Tenía el pelo levemente ensortijado por la humedad y el entrecejo fruncido. Estuvo esperándole hasta cerca del amanecer. Esa noche no se presentó y acabó volviendo a casa bajo gotitas heladas de una lluvia anticipada. Pero lo que ella no sabía, es que, el hombre que creía dominar, descansaba plácidamente bajo el cuerpo menudo de otra mujer.



A penas salió el sol, Paul recobró el sentido. Tenía un dolor de cabeza inhumano, fruto de una noche repleta de sexo, drogas y alcohol. La observó dormir. Aunque el día no era bastante caluroso, ella dejaba ver su piel entre las sabanas. Sus tirabuzones pelirrojos caían con suavidad sobre su espalda desnuda. Con los dedos trazaba figuras sobre las caderas de la chica, acariciándola. Ella despertó y se quedó mirándole con esa cara de señorita que tenía.
-Buenos días, dormilona.- Le besó el cuello sutilmente y ella se acurrucó entre sus brazos.
-Buenos días, amor.
-¿dormiste bien?
-Oh, hubiese preferido no dormir… ¡Pero, si!
Su sonrisa era increíble, era tan risueña que dolía. Era la única mujer que le hacía olvidar a su pequeña Janette. Por primera vez, había dejado pasar una noche con ella para acompañar a Shailene.
-¿Shai?
-¿Hm?
-¿tú me quieres?
-Claro, Paul.
-¿Cuánto?
-Lo suficiente como para sentir celos de esa niña.
Paul la abrazó con fuerza, acariciándole el pelo con ternura e ignorando algunas palabras de su amiga.
-Sabes que yo también te quiero ¿no?
-Sí.
Asintió y salió de la cama. Shailene le observó vestirse sin perturbarse. Nunca dejaba que viera sus emociones.
Con la camiseta en la mano se acercó a ella y la besó. Ella envolvió su cuello con los brazos y tiró de él, dejándole caer sobre su cuerpo.
-Shai, Shai para.
-¿por qué no puedes complacerme por una vez? Me buscas, y cuando lo haces siempre me encuentras. Pero cuando soy yo la que te exige pasar la noche juntos, me rechazas besándome en la sien con esa mirada de ternura fingida. Estoy harta. Quiero que vuelvas a ser el hombre antes. El que se volvía loco con una mujer desnuda. Quiero que me folles, Paul, no que me hagas el amor.
Él suspiró sobre sus labios y ella cerró los ojos temblorosa.
-No me hagas esto y luego te marches, viejo.
El tono de ella era hosco y él ni si quiera se digno a contestarle, solo se desabrochó el cinturón dando un golpe sobre la pared, furioso.
Los pantalones cedieron bajo las manos de Shailene, que pese a verle muy alterado, no renunció a su imprevista embestida.
La penetró con fuerza. Mordió sus pezones en un intento de sentir algo, la acaricio, sus muslos llevaban el nombre de él tatuado a base de señales, pero no era más que sexo, su corazón ni se inmutaba. Aún así la follo y ella gimió como nunca. El placer nublaba los sentidos de ella, sin embargo, eran lágrimas las que cegaban la mirada de él.


Janette estaba tumbada en el suelo. Ya no pensaba en Paul, si no que dormía serena. Dejó el móvil en la cocina, por si alguien osaba molestarla y tras un par de horas, se sentía más cansada aún que al principio. Optó por una ducha de agua fría y un café bien cargado.
Paul había dejado un mensaje en su contestador.
"Pequeña Janette, soy Paul. Anoche estuve ocupado, espero que no te molestara. Ya te llamaré."
Tiró el móvil contra el suelo, enfadada.
-¿Ya te llamaré? –gritó a la nada- Y una mierda “querido” Paul, vuelves a ser el mismo de antes.Salió de casa fumando. Esa mierda que pillaba era realmente buena, pensaba tras cada calada.

octubre 03, 2009

Puta bocaza.



Me quedé mirandola, con las cejas enarcadas y todavía sonriendo.
-Flipo tia.
-¿si? ¿flipas? - su cara era realmente desagradable, de verdad, si las miradas matasen, ella estaba descuartizandome.
Sacudí la cabeza riéndome.
-Callate ya anda.
-No me da la gana
-¿no? Pues ea, ahí te quedas. Cuando sepas hablar bien o cuando aprendas a cerrarme la PUTA BOCAZA, entonces me hablas. Mientras no me apetece escuchar tonterías.

Di media vuelta y me adentré de nuevo en el callejón.

Maldita Yeira

-Comprenderé cualquier cosa que me impongas. Cualquier cosa que salga de tus labios para mi será un mandato. Una orden que cumpliré con gusto. Besaré tus pies si es lo que quieres, o cortaré mi cabello si es lo que te gusta.

Ella lo miró casi riendose, y aplastando el medio cigarrillo que llevaba entre sus finos dedos, se levantó y se largo de aquel cuarto, dejando a ese pobre imbecil de turno, sollozando.
Uno más habia caido en la trampa de la telaraña.
Yeira estaba orgullosa de si misma. Eran ridículos.
"Putos picha floja.." se pavoneaba ella. "nunca aprenderán los pobreciyos..."
Y con ese paso tan particular suyo, ese movimiento de caderas, y esa sensual mirada, entró en el bar de enfrente y acaricio el trasero de otro hombre. Otro hombre, que, como estúpido, ando tras ella hasta el baño, para encontrarse una jovencita de ojos verdes y uniforme escolar[...]

Maldita Yeira.

Loco.

Alberto llegó a su casa a eso de las dos y media de la madrugada. El frío se colaba entre sus ropas, pero la botella de whisky le mantenía caliente.

Aporreó la puerta con fuerza, no encontraba las llaves, pero sabía que Katherina estaría durmiendo en su cuarto.
Se le desencajaba la expresión cada vez que recordaba la cara de su hija “puta niña…”
Katherina bajó las escaleras tan rápido como pudo y abrió la puerta a su padre. Ya empezaba a disculparse cuando recibió el primer golpe.
Alberto estaba loco de cólera y la niña ahogó un gemido cuando su padre la asió del pelo forzándola a levantarse.
-Papá, papá por favor…
Kathe ya estaba llorando. Cada vez que su padre volvía de madrugada bebido, la paliza era inhumana. La última vez, le rompió tres costillas y el brazo por dos lados diferentes. Sin contar los cortes y las magulladuras.
El seguía sin contestarle, arrastrándola hasta llevarla a su cuarto. Ya ella sabía lo que iba a pasar y trataba de apaciguarse sin más, pero un temblor brutal la recorría de pies a cabeza. Su fino pijama se rasgó bajo las manos de su querido papá. Ella solo supo quedarse quieta y cerrar los ojos con fuerza.
Maldito miedo que la recorría…
La miraba con los ojos desorbitados, apretando sus senos con fuerza. Las lágrimas empapaban las sábanas y la respiración de ella se hacía más ronca. Era realmente repugnante.
De repente se levantó, se desató el cinturón y se quedó mirándola con desprecio.
-Zorra, ojala te mueras antes de salir de esta casa.
Y solo así, un sinfín de latigazos adornaron gran parte de su cuerpo, haciéndola gritar y llorar con ímpetu.
Estaba loco aquella noche.

octubre 02, 2009

Ese hombre la vuelve majara

-Hola preciosidad. -dijo Jonás sonriéndole y besandole en la sien con suavidad.
-¡Hola bichín! Pensé que me habías abandonado esta noche.
Gin cerró la puerta del piso con rapidez, mirándo a ambos lados del pasillo y asegurandose de que nadie les veía. Se giró sobre sus pies con una sonrisa sugerente en sus comisuras y él, sin esperar nada más se acercó besandola ansioso.
-¿sabes Jonás?
La mirada de su acompañante se paró frente a la suya tras perfilar su oreja con la punta de la lengua.
-Dime pequeñica.
Ginevra sin contestarle le empuja hasta su cama, donde cae de espaldas y se queda mirándola embobado mientras ella arrastra las manos desde su cintura levantadose la camiseta con brusquedad. Alex se queda sentado y la acerca un poco tirando de ella desde su trasero, le da ligeros besos en el vientre y le desabrocha el sujetador perfilando cuidadosamente sus senos.
Ahoga un gemido, ese hombre la vuelve majara. Se sienta sobre el mordiendole el cuello varias veces, acariciandole el torso y bajando las manos hasta su cinturón, desabrochandolo extasiada en su mirada.
-Joder Gin, me entran ganas de comerte cuando te pones así
Ignora sus palabras concentrada solo en acariciarle ligeramente mientras sus labios bajan por su pecho. Jonás la incorpora un poco, está demasiado excitado como para pensar solo en que los labios de ella se cerraran entorno a su polla. No, no, es incapaz, quiere estar dentro de ella. Y asi se lo dice.
-Follemos nena
-Para algo te hice venir ¿no?-sonríe traviesa mientras juguetea con un mechón de su cabello ondulado.
Él cada vez estaba más cachondo, esa niña le obligaba a hacer cosas que nunca hubiese pensado, pero solo pensar en irse le escandalizaba.
Subiendole la falda tranquilamente, se concentra en respirar su aroma. La acaricia con los dedos y ella jadea tirándole del pelo. Clava sus dedos en las costillas del chaval.
Alarga el brazo hasta su bolso y saca un condon, golpeandole la nariz con dulzura.
-¿Me lo pones reina?
Se aupa un poco sonriendo, mientras ella le besa y le coloca el condon con un cuidado infinito, haciendole suspirar varias veces.
La penetra. Despacio. Un poco más rápido. sintiéndola. Y cada vez más. Y la besa, y la acaricia, y la hace gemir, la vuelve loca bajo sus labios, y lo que no son sus labios. La vuelve majara. Y él lo es con ella.
Toda una noche, con una musiquita lenta de fondo que no logra escucharse por culpa de gritos de placer que se escapan de entre sus labios.
Y toda una mañana, durmiendo el uno junto al otro. Abrazados. Desnudos. Y pegajosos por culpa del sudor.

Shinoflow ♥

Me dijo ¿quién eres tú sin mí?
Le dije NADIE

octubre 01, 2009

Flipada.

-Tia, tú estás flipada en serio
-Tranquilito monín, ¡que estoy de cine!
-¡Pero si vas hasta el culo Katherina! No puedes ir a casa así, es Miércoles joder...
-¿Sabes qué te digo?
-Sorpréndeme
-Pienso ir a casa de mi padre. Pienso llegar así. Y pienso gritarle lo repugnante que es.
-¿De verdad?
-No.
Katherina perdió el equilibrio y calló al suelo estrepitósamente.
-¡Kathe!
Se quedó de rodillas y sin previo aviso, rompió a llorar. Se aseguró de llevar la chaqueta bien puesta, tapandole cada parte de su torso y notó los brazos de su acompañante rodeandola con fuerza.
-¿Es ya el momento de que pare?
-Es desde hace mucho pequeña...


Desde hace mucho tiempo...

Cada noche,Cada noche...

-¿qué pasa ahora?
-¿qué pasa de qué amor?
-mira la cara que tienes.
-Solo estaba pensando, ¿no puedo pensar?
Tom se gira irritado sin querer contestar a la absurda pregunta de su prometida.
-Venga cariño, ya sabes que soy así, discúlpame.
-Victoria, ¿por qué no me dejas solo un momento?
Se reclinó suavemente sobre el sillón de cuero que se presentaba imponente en mitad de la biblioteca.
La mujer observó las paredes repletas de estanterías con miles de libros, de tamaños y formas tan diferentes, pero no se movió de su lugar.
-Lo siento querido, pero no me moveré de aquí.
Tom levantó la vista y observó la pose de la persona que amaba, tan fina, tan segura de si misma, tan sumamente perfecta...
-Pues entonces quédate ahí, sin más - dijo con un tono molesto que a Victoria le pareció adorable.
-Oh, amor...
Ella anda a paso ligero hasta llegar a su prometido, y colocando el vestido cuidadosamente, se sienta sobre él. rodea su cuello con los brazos y lo besa apasionada.
-para mujer, estas no son formas de...
Un nuevo beso interrumpe las palabras de Tom Flint, pero no reacciona a las estocadas de su preciosa mujer y esta acaba por darse cuenta. Se levanta y sale de la habitación sin mirarle, lágrimas adornan sus ojitos del color del mar y cierra la puerta con un movimiento rápido.

"Cada noche, cada noche..." se lamenta Victoria mirando al horizonte.

Y ella sigue pensando que su marido no la ama...

Pero Tom la observa, desde la ventana de su gran biblioteca memoriza sus movimientos, hasta el más leve temblor en sus largas pestañas, y se lamenta, claro que lo hace, porque ve desvanecerse un amor que jamás nadie en toda la eternidad comprenderá.


NOsonnecesarioslosTEQUIEROS.Siemprequelosdemuestres.

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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