septiembre 10, 2009

Uno que dure para siempre.


Le despidió con lágrimas en los ojos, conmovida por su mirada y recordando esa caricia que la hacia crecer como persona, hasta tocar el cielo.
Desde el tren, los puños de este se crispaban, igual que su cara, que ofrecía una gran mueca de dolor. Parecía como si su corazón no bombeara o como si sus pulmones no le dieran oxigeno. Sus ojos anegados en lágrimas que los hacían parecer incluso más bellos de lo que ya eran, pero ese brillo especial, había desaparecido. Su pelo, peinado cuidadosamente, se notaba descuidado.
De repente fue como si reviviera, sus musculos tomaron las decisiones por si solas y bajo de ese tren, empujando a todo aquel que se interponía en su camino.
Ella, temblando como estaba, se dejo caer en el suelo de rodillas. Debia estar volviendose loca, porque le veia correr hacia donde se encontraba.
Todo fue muy rapido, la cogido por los hombros, incorporandola, ella notaba sus dedos clavandose en su piel, pero no le importaba. Le dio un beso, un beso lleno de amor, ternura y calor. Un beso que dure para siempre. El beso... que duró para siempre.
Y sono una incomoda campana, la que le devolvia la razon.
-Tengo que volver al tren..
-No... - ella notaba como su voz la defraudaba, haciendola sentirse debil.
-Volvere a buscarte. Lo juro.
Rozo su mejilla con los dedos y susurrandole que la amaba por ultima vez y desaparecio entre la multitud.
Cada mañana, durante quince meses, ella iba. A aquella estacion marchita que se habia llevado a su amor.
Y ese día, el 9 de Septiembre, vio un nuevo amanecer, vio un nuevo barco aparecer a lo lejos.
Vio como alguien conocido bajaba de ese estupido tren.
-tú... tu eres...
Se miraron largo rato, los ojos de ella se humedecieron ligeramente, despacio, cada vez mas. Las piernas le fallaron y sus brazos, temblorosos comenzaban a reclamar sus extremidades fuertes y musculosas.
La abrazó, con fuerza. Asfixiandola ligeramente.
De repente se desperto, seguía sentada en la estación. Sola. olvidada. Más sola aún que antes.
Y desaparecía, lentamente. Y recordó ese beso, ese que duró para siempre. Y lo sintió en sus labios. Y se fue. Para siempre. Desapareció, en el olvido de los años. Porque esos quince meses, habían sido los cuarenta años más largos que jamás hayan existido.

Ella fue feliz. Por vivir de la esperanza. Ella fue inmensamente feliz.

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Todo te da igual, cuando él

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