septiembre 10, 2009

Se volvieron uno.


La barquita se movía ligeramente bajo las olas del mar. Solo se escuchaba el sonido de las aves, el murmullo del océano y nuestras respiraciones acompasadas.
Los brazos de él rodeaban su cintura, dibujándole figuras en la espalda con la punta de los dedos.
Ella le miraba desde abajo. Él estaba sumergido en sus pensamientos, sus ojos buscaban diferencias en las nubes claras y un atisbo de sonrisa se dibujaba en sus comisuras.
-Jamás habia estado tan agusto..
Apoyó los codos en su pecho y se puso a su altura, interponiendose entre él y su cielo azul.
-ah?
-Gracias por haber venido An, la verdad, pensé que rechazarías mi invitacion.. -sus dedos jugueteaban nerviosos con el pelo de la chica mientras ella a su vez le acariciaba el cuello.
-¿Sabes Maxx? A veces, las cosas no salen como pensamos. A veces, el tiempo simplemente se para, sin más.
-Hay cosas que son imposibles.
-Pero no todas. Y sabes que te quiero con locura
Se removió incomodo bajo el fino cuerpo de Anabella. Ella se dio cuenta y se incorporó, tapandose cuidadosamente con la toalla.
-Las cosas no son tan faciles, esto no es más que un pequeño día en un mar de años.
-¿Siempre tienes que estropear los momentos Maxxie?
-Dicen que siempre hago daño cuando menos falta hace, ya sabes..
-¿Sabes que es lo único que se? ¡QUE NO SE NADA! Que todo me lo ocultas bajo esa capa de hipocresia y de madurez fingida. ¡Deja de esconderte de mi, maldita sea!
La mano de él corrio hasta la nuca de Anabella, atrayendola hacia si con fuerza.
-No... no te atrevas a decir eso una vez más.
-¿O si no qué? ¿me vas a pegar?
Hizo su presa aún más resistente, la atrajo hacia si, y pasó su lengua por los labios de ella.
-Jamás te levantaría la mano, criatura. Eso lo sabes muy bien.
Tras un suspiro, se dejó llevar por ese hombre, que tanto le gustaba. Por su mirada, por sus besos y caricias, por su olor.
-Eres un cobarde
-Y tu una niña
Anabella le miró con cara de pocos amigos y mordio su labio con fuerza, hasta casi hacerle sangrar, pero este no se quejo. Al revés, la cogió por los muslos, elevandola para quedarla a su altura y la beso con fuerza. Sus torsos desnudos se volvieron uno entre caricias.

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Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
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