septiembre 30, 2009

Prisas y más prisas.

Salí de la ducha acalorada, me sequé apresuradamente con la toalla y cogí la ropa interior del primer cajón del armario.
Corrí por toda la casa semidesnuda, con el cepillo de dientes metido en la boca mientras intentaba abrocharme el sujetador, que se empeñaba en risistirse bajo mis dedos.
La camiseta azul , esa olímpica, ¿sabes cual digo? Si, si, ¡esa, esa!
Bueno, pues me la puse, y cogi los vaqueros estos caídos que tanto me gustan con las deportivas Jonh smith.
Vacié la bolsita ¿donde guardo el maquillaje y todo eso? pues esa, la volqué sobre la cama y como loca busqué todo lo que necesitaba, o sea, cuatro cosas.
Lapiz de ojo, eyeliner, algo de sombra negra y como no, el Rimel.
Me pinté apresurada, mirando el reloj cada pocos segundos, Ya solo quedaba retocar las pestañas con el rimell y habría terminado.
Me miré al espejo de pie y sintiendome orgullosa de mi tipo y de mi estilo, salí a la calle.
Caminé hasta un parque cercano y allí... Allí estaba ese niño. ¿Como se llamaba? ¿Landom? ¡ah, sí! Ese era su nombre.
Ese niño me tenía perdidamente enamorada... sus dientecitos blancos, su mirada dulce, sus manitas suaves...
Los mejores cinco años que jamás haya visto una mujer...
Y pensar que ese niño era parte de mi...
Cada vez que lo veía, mi mundo dejaba de girar, ya no existían esas prisas y más prisas




CartadeunamadreaSUsiempreHIJO.

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Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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