septiembre 08, 2009

Nueve.


Y voy, y nos dejamos caer sobre tu cama, descalzos y ardiendo.
Mi camisa blanca, sin botones por tu lujuria cae sobre una silla, tus manos se aferran a mis muslos con fuerza, impulsandome pausadamente, tus labios recorren mi cuello bajando hasta el vientre, tu lengua perfila mis rasgos y yo, ahogo un gemido.
Mis manos empiezan a sentirse seguras y te recorren, desato tu cinturón con rapidez y tus pantalones ceden ante mí.
-Me volverás loco un día de estos pequeña.
Me puse sobre el, tomando las riendas de la situacion y por una vez, me senti con ganas de no parar.
-Lo que yo decía.
Y con esas ultimas palabras sus dientes aferraron mi labio haciendome enloquecer.

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Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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