septiembre 30, 2009

Miércoles.

La semana se había pasado en un santiamén Ya era miércoles otra vez, el día en que la niña Katherina y su papá, quedaban para verse.
Katherina escondía sus finas muñecas bajo una sudadera negra un poco grande para sus dimensiones. No prestaba atención al mundo que la rodeaba pero se asustaba con facilidad.
Frente a la puerta principal una cámara anunciaba su llegada, y un hombre de pose firme y segura salía a s encuentro.
-Buenos días Katherina.
-Buenos días papi.
-Vamos, ¿piensas quedarte ahí todo el día o prepararás algo para desayunar niña vaga?
-Claro, ¿que te apetece hoy papá?
Katherina contaba ya sus casi 17 años y seguía siendo igual de ridícula que con cinco. Pero realmente, ahora solo intentaba evitar una paliza que con mucha suerte conseguiría olvidar.
Odio tener que llamarle papá...
Sumida en sus pensamientos como estaba, no vio venir la estocada de su querido Alberto.
El golpe en las costillas la dejó sin respiración durante unos instantes.
-Como no me prepares el puto desayuno en menos de 10 minutos tu y yo vamos a tener un grave problema puta.
Ella se limitó a asentir y a cocinar.
Alberto salió de la cocina, no eran más que las diez de la mañana y ya estaba bebido.
A la chica le entraron ganas de llorar, sentía lastima por su padre, quería ayudarle a avanzar, a que no se destruyera la vida y de paso...que no la arrastrara al infierno de cada Miércoles.
Un poco de esto, un poquitin más de lo otro y... ¡listo!
Las voces de su padre empezaban a sonar más altas y peligrosas. Kathe se apresuró a terminar y a llevarle la bandeja a su padre, que para no variar, le tiró a la cara.
-¡me cago en la puta! No sabes hacer nada bien ¿eh? Sí, tápate la cara, tapate esa preciosa boquita, ¡porque te la voy a destrozar en cuanto te descuides niñata!
Katherina pensó en huir, pero eso solo lo enfurecería más, asi que, se irguió lentamente y espero el golpe que seguramente volvería a partirle el labio por... bueno, no recuerda cuantas van ya.

Katherina llegó a casa el Jueves a las 7:00 a.m
El mundo dormía bajo techos seguros y ella caminaba hasta su casa con una gasa pegaba al pómulo.
El frío la carcomía por dentro y los recuerdos le parecían confusos.
Apretó el paso y giró la ultima esquina hasta el edificio número quince de la gran avenida. Sabía que su madre no estaría en casa, asi que no tuvo que preocuparse por tapar unas heridas que nadie vería[...]

No hay comentarios:

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
Creative Commons License Todos los textos y fotos que están aquí escritos o colgados, son míos.licencia de Creative Commons. Respétalo, por favor, y no te los descargues.