septiembre 21, 2009

Lagrimas con sabor a rimel

Los movimientos eran pausados pero elegantes, un sube y baja, un corre que te pillo, un toma y 'daca' de nunca acabar. Sus muslos se tensaban en cada envestida y su cadera se movía como intentando llegar más adentro.
Una noche
Otra noche
Otra noche
Otrá noche más.
Y así cada semana, de cada mes, de cada año, durante 5.
Pero ya la cama se les hacía pequeña.
En la cocina, sobre la encimera, sobre la lavadora, encima de la mesa.
En el despacho, sobre papeles arrugados y envueltos de sudor.
En el balcon, notando la brisa en sus mejillas calientes...
Y un sinfín de lugares donde los besos y las caricias trataban de saciarse, donde sus cuerpos se entrelazaban excitados.
Pero claro, el sexo terminaba, la luna empezaba a declinar, junto a sus estrellas, y entonces, cada uno en su lado de la cama, susurraban al viento lo asqueados que se sentían.




"Y las lágrimas con sabor a rimel, corrían desde sus ojos a sus labios. Y su cuerpo, ya menos fogoso temblaba bajo la mirada de unos edificios callados."

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Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
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