diciembre 28, 2009

Pum.
El móvil contra el suelo, completamente destrozado, pero no es solo eso, ahora viene más. El centro de mesa, ea, a la mierda. Y las sillas, ¡a tomar por culo! Peor que un terremoto. No, lo de esta es un cabreo de los que hacen que te hierva la sangre, y que te salga el Cannabis por las orejas.
Me cago en dios.

Una de Korbintxo.

Corbin le cuenta al oido la historia de no se que pareja que fue muy muy feliz, porque un día dijeron que se querían mucho mucho.
Gin se tira en la cama, con el petardo en la mano, y piensa en Corbin, en su Korbintxo.
-Corb, ¿Quedamos hoy?
-¿Para qué, gorda?
-No sé, nos echamos unos canutos, y pasamos la tarde juntos. Hace tiempo que no hablamos.
-¿Te apetece?
-A mí siempre me apetece, idiota.
-Paso a buscarte a eso de las cuatro, ¿Quieres?
-Pásate en media hora, y comemos juntos.

Toyota, ah... como le gustaba ese jodido coche. Y con Corbin dentro. ¡ASI MÁS!
La saluda dandole un beso en la sien y Gin le deleita con una sonrisita nerviosa.
Las horas pasan rápidas, y con ellas, el número de petas consumidos. Las caladas acaban convirtiendose en miradas, y no quieras saber en que se convirtieron los porros.
Cerca de las seis de la mañana, Gin se viste sin hacer ruido y sale de la casa de Corb, que se ha quedado dormido, con sus bragas en la mano y el sujetador, en sabe dios que parte de su cuarto.

y se engaña con promesas, con promesas para nadie, yo se bien por qué se pierde, ella se pierde por pensarte.

Sacó una cucharita del cajón y se sentó en el alfeizar de la ventana, tarrito dde miel en mano y un paquete de Lucky, por ahí, por algun bolsillo de su bolso.
-¿Sabes, Jara? A veces me pregunto porque todo tiene que ser así. Porque tenía que haber conocido a esta gente y no a otra. Porque tengo esta madre, y no digo que no la adore, o este padre, me atengo de hacer comentarios, y... bueno, todo eso.- Gin mira a su perra, que con ojos de sabia, -o que ella quiere creer que lo son- la observa, con la cabeza apoyada entre sus piernas, y resoplando de vezz en cuando a las estrellas.
-Pero también pienso otras cosas, como por ejemplo, que tiene él de mí, quiero decir,-intenta explicarle.- por qué, sin verle cada día, me da la sensación de que cuando estoy con otro, le traiciono, ¡Y mira que a mi me da igual! Porque ya sabeis, y digo sabeis, porque él también lo sabe Jari, que para mí, el sexo, no es más que eso, pero... ¡ay! No sé, no sé...
Pone los ojos en blanco y sonrie levemente.
-Y lo mejor, es que seguramente no te estés enterando de la mitad de lo que digo, pero al menos tú me escuchas, gordina.
Jara se acomoda más, y la mira, le lame la mano, y Gin aleja la cucharita para que no pruebe su miel.
Jodida miel.
-¿Y que hago comiendo esto ahora? Agg, Jarinna, soy lo peor, ¿Eh?


Jara se queda dormida escuchando las palabras de su dueña, que como humana normal que es, acabó por echarse a llorar cuando el reloj marcaba las 4.50 de la madrugada.

diciembre 21, 2009

Psé.

Ah...Gin estaba nerviosa, casi parecía llorar, se sentía extrañamente confusa, dolida, y eso que todavía no sabía nada.
El móvil estaba sobre la mesa, allí, quietecito entre los dedos temblorosos de la chica, mojandolo con lagrimillas que ya pasaban su barbilla afilada.
No sonaba.
-¿Por qué cojones no me llamas? Mierda, todos tenían razón, me está engañando.
Idiota que se sentía, pero sin motivos, ah... o con todos los del mundo. Y no sabía como llorar, porque se le había olvidado lo que era el amor, o algo de eso que te hace sentir bien y mal en el mismo instante.
Tiene la garganta seca, y un dolor bastante molesto se apodera de sus sienes. Y de su pecho.
Pero es que el móvil seguía sin sonar, y las esperanzas se le habían agotado hacía ya mucho tiempo.

diciembre 20, 2009

Si no atas bien a Cupido,
te robará la cartera.
Nadie sabe lo que me pasa, pero solo teneis las de perder.
ah.. que mala soy.

diciembre 19, 2009

Se puso a recordar cuando todo aquello era un juego y Yeira una cría.

Yeira entró en el insituto con su aire de superioridad pegado a la ropa, y miró a Andrew con cara de estúpida
Puso el sobre encima de la mesa y se fue por donde había llegado.
-Yeira.
Se detuvo de inmediato, y se giró, apoyandose delicadamente las manos en la cintura.
-Dime.
-¿Todavía con los trapicheos, reina?
-Si tu dejaras esto, yo podría hacerlo tambien, ¿Sabes?
Salió de la clase dando un portazo y Andrew se quedó mirando el lugar donde había estado.
Apoyó la frente en la pared y se puso a recordar cuando todo aquello no era más que un juego, y Yeira no era más que una cría.

diciembre 14, 2009

-No me abras tu corazón, abre tus vaqueros.
Bajalo chiquilla, y dejame ser el primero.
No temas al destino, ya eres casi una mujer,
venga fuera esas braguitas, que esto no te va doler.
Gin se sacudió al tipo de encima y salió del coche.
-Das asco, y encima ya soy una mujer.
Seguro que he follado más veces que tú, niñato.

diciembre 13, 2009

Tom le dice a la mejor amiga de su mujer que es una víbora sin escrúpulos.

-Es Victoria.
-Pero, ¿Está riéndose?
-Oh, ¡por supuesto! Victoria es la mujer más feliz del mundo, aunque a veces haya lagrimitas rebeldes que se empeñen en quemar sus mejillas, pero no te preocupes, siempre se le pasa con los mimos.
-La conoces mucho...
-De tanto quererla, mujer.
-¿Y de mí?- Dijo con una sonrisita traviesa.- ¿Qué sabes de mí?
-¿De tí? Desde su punto de vista, eres una hipócrita, y desde el mío, una víbora sin escrúpulos.
-¡Pero bueno! ¿Se puede saber que estás diciendo?
-La verdad, querida, la verdad. Y sal ya de mi cama, que estás ensuciando el olor de mis sabanas.
La sonrisa se había esfumado, y una mueca de ira demasiado graciosa se dibuja en la cara de la mejor amiga de ella.-si podía llamarse amiga, claro está.

diciembre 12, 2009

Eso.

Una está como que cansada de ser segundo platos de personas que son mucho. Asi qué, esta aquí presente, ha decidido darse una vueltecita por vuestras jaulas, haceros un corte de mangas, y volver a irse, contoneando las caderas y echandoles arena a los ojos.

diciembre 10, 2009

Paul la lleva de visita a un lugar especial y tiene ganas de llorar por amor.

Paul cerró el coche y caminó lentamente de un lado a otro. Estaba realmente molesto, nada había resultado ser como el pensaba. Estaba en frente de su casa, y lo peor de todo, es que no estaba espiándola. Si no, esperándola.
Janette le observó desde más allá del portal, enjugó una lágrima que nacía en sus ojitos de niña y carraspeando con fuerza varias veces para aclararse la voz, salió a su encuentro.
-Hola.
-Hola, chiquitina.
Un beso fue lo siguiente que nos enseñaron. Un beso de esos que dan envidia, tan lleno de amor como de pasión, de los que te quedan con ganas de más, aunque sabes que tienes que controlarte.
-¿Dónde vamos a ir hoy?
-Te voy a llegar de visita a un lugar especial. Quiero enseñarte donde estuve todo este tiempo.
-¿De verdad?
-Hoy, hoy me apetece compartirlo todo contigo.- Dijo agarrándola por la nuca y acércandola para fundirse en un abrazo. Paul quería llorar, y no estaba seguro de si era por esa molestia que decía tener, o si por el contrario, era el día más feliz que había tenido en años.

diciembre 09, 2009

El futuro nos tortura y el pasado nos encadena.
   He aquí por qué se nos escapa el presente.
Gustave Flaubert.

diciembre 08, 2009

Tormentos con finales felices.

Gin se acercó despacito, a su espalda, como si no la viera, pero la veía, claro que la veía. Entre lágrimas, pero la veía, más cerca que nunca.
-E..¿Eres tú?
La chiquita se giró, dejando ver unos preciosos ojos marrones, una figura altiva, montada con delicadeza sobre unas vans lilas.- hacía unos meses, Gin habría bromeado con robárselas de tanto que le molaban.
-¡Gin, cuantísimo tiempo!
Ella se encogió, como si hubiese recibido un latigazo por respuesta, en vez de palabras. ¿Que le estaba pasando? Llevaba conectado el mp4, pero escuchó la contestación con mucha claridad. Y sintio que todo su mundo se rompía, y no entendía el por qué.
Tú también lo prometiste fuimos dos, equivocados.
Maldita Nerea, me recordaba lo malo que era el miedo a equivocarnos, y ¿sabes qué? Ella tenía miedo. Tenía miedo a darse cuenta de que esa chica que tenía delante, no sintiera lo que un día compartieron.
Yo jamás te olvidaré, de noches sin arte, de abrazos vacios. 
-¿Estás bien, Gin?
Absorbió las lágrimas como pudo, enjugándose como podía, y levantó la mirada, para enfrentearse a esos ojos que tanto, tanto le decían.
-Solo... venía ha decirte algo.
-Claro, dime.
-Te... yo...mmm...
Adrienne ladeó la cabeza, no entendí a donde quería llegar, o al menos, no creía que fuese lo que ella necesitaba escuchar.
-Te...
-¡Dilo ya!
-Te echo de menos.
Ginevra se dio la vuelta y echó a correr, por miedo a escuchar la respuesta.
-¡TE QUIERO!
Gin frenó en seco. Se giró despació. Posó una mano en sus labios y susurró un te quiero tan bajito, que supuso que ella no lo escucharía. No sentía el frío en sus manos, ni en su nariz sonrojada. Pero si sintió ese dulce abrazo que las unió de nuevo. Y esas manos, haciendo fuerza para no separarlas nunca.
Ese siempre, que duraría mucho más allá. ¿Entiendes? Si, de los que duran para siempre, como los besos más bonitos. Como los amores más sinceros.

Nunca quise hacerte daño, solo es un infierno sostenido, por el miedo a equivocarnos.

diciembre 06, 2009

Encuentros.

El corazón le latía con fuerza en la sien, el coche iba más rápido de lo que debería, pero Paul está pensando que le va a decir y cuanto tiempo va a estar con ella antes de irse de nuevo.

Janette acaba de echarse el rimmel y coge el bolso de encima de la cama, no sabe bien que va a decirle, ni si quiera sabe si será capaz de venir a verla.

La estación estaba vacía, daban las 21.10 y Paul esperaba pacientemente apoyado sobre su Hyunday granate. Janette doblaba la esquina cuando él salió a su encuentro. Se pararon a varios metros, analizándose con la mirada. Otra vez no.

diciembre 04, 2009

Entrega.

-Cuánto tiempo sin verte, querida.
-Sí.
-¿Te va bien?
-Mucho.
-¿Piensas seguir contestándome así, Yeirina?
-Sí, joder, sí.
-Pronto te vas a dar cuenta de que no me puedes tratar como a los demás. Que toda tu vida se puede romper solo con unas palabritas mías. Es mejor que te dejes llevar...
-Manipular quieres decir, ¿no?
-Mujer, ¡qué cosas tienes!
Semele se adelantó y lanzó lejos el cigarrillo, se giró y encaró a Yeira.
-Todo es muy fácil, tú haces lo de siempre, me das lo que me pertenece y yo guardo tu secreto, ¿si?
-Más te vale.
-¡Chst! ¿Está claro o te lo explico delante de Ka y Sonia?
-Claro, cómo no. -Asintió varias veces y tomó el camino contrario de vuelta al instituto. Su reloj ya marcaba las 9:10.
Semele observó desde uno de los bancos del Heilig Bloed su contoneo, el rápido movimiento de sus piernas y sus manos temblorosas cerradas en torno a un sobre amarillo pálido.

Quedada.

-Te fuiste.
-Y te estoy preguntando cómo te va.
-Paul, ¡te fuiste!
Sujetaba el móvil con fuerza contra su oreja, ella no paraba de repetir lo mismo y él no quería volver.
-Mira, Janette...
-Te espero donde siempre a las 21:15. -La línea se cortó antes de que él asimilara sus palabras.
-¡JODER!

noviembre 26, 2009

Sin etiqueta

Cierto era que no sabía que estaba pasando, que cada circunstancia era cada vez más absurda, y que lo que Ella sentía, desde luego, no era amor.
O eso me gusta creer, porque joder, ¡Es una cría! Pero esa cría está muy adelantada. A saber donde olvidó sus últimas bragas, ¡A saber! Para mí, que las lleva flojas, porque menudo cachondeito.
Fíjate, que yo creo que al nuevino le tiene ganas, que con cuatro palabras ya la tiene majara perdida. ¡Madre mía! Que movidas se monta esta mujer, de verdad...
Ya puede tenerla satisfecha - y hablo de un futuro novio- porque si no, los cuernos -CREO YO- no se los quita nadie.
Y es que Ella no habla de amor, Ella es fiel a sus sentimientos. ¡Ella ama!, pero claro, también le gusta el sexo.
Porque Ella no piensa que sexo y amor tengan que ir ligados, ¡al revés! ¿Qué tendrá que ver?
Con amor, sin amor... ¡Tonterías!
Mientras haya feeling todo lo demás le da igual.
Pero desde luego, Ella ¡NO ESTÁ ENAMORADA! -quiere creer-
Que dificil es esto, de veras.
Pobre mujer, que solo sabe confundirse sola.

noviembre 25, 2009

Sonia, Clire o Yeira

-Quiero verte
-¿Sí?
-Sí, digamos que nunca repito con la misma, pero tú siempre eres diferente entonces... bueno, ya sabes.
-Y...¿Cómo me has encontrado?
-Vamos Yeira, eres cliente especial de este pub.- se rió y ella enarcó una ceja algo molesta.- Venga, Yei, lo estás deseando
-¿Ahora también eres adivino?
-No, pero eres bastante fácil.
Se dio la vuelta para marcharse, pero él se pego a su espalda, acariciando sus piernas bajo el vestido alilado.
-No te enfades, pequeña. Sabes que es cierto.
-¿Tanto me conoces?
-Lo procuro
-Venga Jason, no te flipes ¿quieres?.- Apartó sus manos con cuidado y siguió andando con ese contoneo -tan suyo- de caderas.
Jason la dejó ir, deleitándose al mirar sus piernecitas y las curvas de su cuerpo, imaginándolas bajo la ropa.
Un hombre de unos treinta años, muy bien puestos además, se paró frente a ella, la calle estaba repleta de gente, de niños que correteaban y ella se dedicaba a echar miraditas y toquetear al tipo.
Jason sonrió y se acercó despacio, con su aire de superioridad y con el ego apunto de explotarle en plena cara.
-Oye, perdona.
La cara de Yeira se descompuso en una mueca.
-Pero que coño...
-Sonia, ¿quién es este?
-¿Sonia? ¿No eres Clire?
Yei le dio un codazo a Jason y sonrió al chico.
-Cariño, este hombre está loco, no le hagas caso.
-¡Pero Son! Es cierto, lo sabes.
-¡Pero si ni si quiera te conozco!
-Bueno, entonces ¿Cómo se donde tienes ese mordisco?
El hombre la miró y sacudiendo la cabeza pasó de largo, dejando a Yeira temblando y a Jason muerto de la risa tras ella.

¡Pero si se ha enamorado!

Katherina se sentía bien. El día con su padre había sido el más agradable que había tenido en años.
Un arroz casi en su punto acababa de cocinarse cuando ella llegó a casa.
-¿Papá?
-Estoy en el salón
-¿Has cocinado tú?
-Si, hoy viene una amiga a comer.- Alberto entró en la cocina mientras ella lo probaba.
-¡Está buenísimo!
Él sonrió satisfecho y le besó el pelo, haciéndola enrojecer.
Shailene llamaba al timbre solo unos segundos después, aumentando los nervios del padre de Kathe.
-Hola.
-Hola, amor.
Una sonrisita ruborizada se pintó en sus comisuras, y Ka se reía desde la puerta de la cocina.
-Que bonito...

noviembre 22, 2009

Sin titulo.

Se levantó de la cama sin hacer ruido, sus huellas se quedaban reflejadas en las frías losas blancas del pasillo, entro en la cocina y se quedó apollada en la barra, inspirando profundamente cada vez que respiraba.
Notaba como la piel de sus muslos desnudos se ponía de gallina, y como las lágrimas le quemaban las mejillas cada vez más. Recordó que no pasaba nada grave, y lloró más.
Y ella odia llorar, pero ultimamente lo hace demasiado. La casa, el instituto, todo se le viene encima y no sabe como pararlo.
Mete un vasito con leche en el microondas, y espera tranquila. No tiene ninguna prisa. Se lia un canuto, lleva casi diez días sin fumar, hoy quiere celebrar algo.
Él la mira desde la puerta, su pose es tan delicado como su figura, es baja, pero altiva, casi parece que sabe que la está mirando. Siempre alerta, y es que ella está tan sumida en sus pensamientos que no ha sentido el calor de sus pasos.
La camiseta de U.S.A. que lleva, le llega justo hasta la pantorilla, sin taparla apenas, el roce de una pierna contra otra le hace pensar que se muere de frío, aunque no soporte los pantalones en la cama.
La mira extasiado, es ella, es.. es ella, sin duda.
Se pone de puntillas para recoger el vaso con cuidado, apolla las dos manos y le echa un poco de azúcar. Si que tiene que estar triste, que ni miel quiere echarle.
Sustituye su cigarro por un porro bien liado, con la mora ya colocada, lo pone entre sus labios rosados y la primera calada, nubla su vista. La saborea, parece que hasta sonríe, la ha disfrutado más que nunca.
Pero el todavia no se mueve, bueno, se decide a dar un par de pasos, tiene ganas de abrazarla por detrás, de apoyar los labios en su cuello, de oler su pelo y saborear esa hierba que se consume entre sus dedos, pero en sus labios. Ella se convulsiona ligeramente y empuja el vaso con el canto de la mano, el humo dibuja figuras a su alrededor,y ella apolla la frente sobre la encimera agotada de tanto sollozar.
No sabe como se siente, pero de verdad que intenta comprenderla.
-¿Vas a quedarte ahí parado?
Su voz lo sobresalta y levanta la mirada para encontrarse con un ojos tan rojos como sus uñas.
-Perdón, no quería molestarte.
Ella niega con la cabeza y hace un puchero, él decide acercarse y la abraza con fuerza. Le susurra palabras tranquilizadoras al oido y la acuna, sobretodo la acuna. Ella se deja llevar, no le apetece nada moverse, está... se siente... es...
-Gracias, amor.
-me duele verte así, pequeña.
-Lo siento, pero hoy de veras necesitaba llorar.
-Pues llora, llora todo lo que has acumulado, porque si no, acabarás por estallar, mujer.
Le beso el pelo y la cogió en brazos, la tumbó en la cama, y él junto a ella. No, ahora el está encima. Ay no, ahora es ella la que toma las riendas.
Las lágrimas son sustituidas por suspiros y las miradas...no, no hay miradas, los ojos de ambos están cerrados y se sienten cerca, más cerca que nunca.

noviembre 21, 2009

Vuelta a las llamadas

-Paul
-¿Qué? ¿qué? ¿qué? ¿qué quieres Shailene?
Que le eches huevos, paul!
-Tú no lo entiendes, es una niña
-Yo también era una niña, no, yo soy una niña para Alberto, y ¿Te haces una idea de lo que debe estar sintiendo ella?
-Ella está bien, ella está con un chico de su edad, ella está bien.
-Ella, ella está con un tio de casi cuarenta, ella, ella está fumando caballo, ella, ella se está volviendo loca de llorar tantas noches. Ella quiere que vuelvas.
-¿Caballo?
-Si, Paul. Caballo. Lo mismo que llevaba encima el día que la conociste, y ¿como creés que acabará esa niña, por dios?
-Creo que ya es mayorcita como para saber que drogándose no me hará volver.
-Precisamente se droga para no pensar en que vuelvas.
-Estás loca Shai.
-Quizá, pero sabes que tengo razón.
-Es que, ¡no la tienes!
-Eres un poco tonto, más de lo que pensaba.
La chica de los bucles recogió las cosas que estaban en el suelo y las metió en su bolso, se puso los pantalones y cogió el teléfono móvil.
-¿Vas a llamar a Janette, o tendré que hacerlo yo?
-Shai...
-¿Vas a llamar a Janette, o tendré que hacerlo yo, Paul?
Paul se levantó de la cama y le cogió el teléfono.
-Vete.
Ella se puso de puntillas y le dio un suave beso en la mejilla. Salió antes de que él se diera cuenta.

-¿Sí?
-Janette, soy yo.

noviembre 20, 2009

Sin titulo

Podría decirse que hoy necesito escribir algo que nunca pensé que escribiría. Pero he perdido la idea, se ha ahogado en sabe dios que... café, sí, ya sabes, de esos que preceden una noche de las buenas. O no tan buenas.
Solo son cosas que me hace decir alguien a quien no se bien como llamar.

noviembre 12, 2009

Apenas eran las ocho de la mañana y ya iba por el quinto pitillo. Se le consumían entre los dedos, sin llegar a probarlos. El vestido blanco dejaba ver unas bonitas piernas, aunque pequeñinas.
La miraban de pasada, llevaba el pelo muy liso y el flequillo caía con cuidado sobre su frente.
Tenía los ojos llorosos, casi no había dormido, Kurt era muy molesto como compañero de cama.
Sonia llegaba a casa cuando ella ya se iba. Era auxiliar de enfermería o técnico de auxiliar de enfermería como se empeñaban en llamarlo ahora.
Llevaba más de un dia entero trabajando, se la veía cansada, asi que Yeira se puso de puntillas, le besó la sien y salió de casa sin separar los labios.
A penas quedaban unos minutos para que empezaran las clases cuando se giró y la vio. Con su sudadera roja, esos ojos azules tan bonitos y su sonrisa siniestramente perfecta.
-Hola Yeirina.
-Sémele.

noviembre 09, 2009

Quizá sea el dolor de cabeza, que me hace imaginar cosas raras.

Esa sensación de que el corazón te late en la sien, los pinchazos sobre las orejas, y un dolor tan insoportable como las ganas de llorar. Y solo te acuerdas de que ella casi le besa, y de que él, casi no se aparta. Y te quedas como...
Me quedé como... no sé. Quizá solo sea el dolor de cabeza, que me hace imaginar cosas raras.

noviembre 08, 2009

Tom la llama cobarde a sus espaldas, por no luchar, cuando solo quiere ser un niño malo.

Tom seguía sentado en su sillón, como si no pasara nada, haciendo caso omiso a su prometida.
Por el contrario, Victoria se tiraba las horas sentada bajo aquella encima, mirando al horizonte y queriendo guardar bajo llave las lágrimas que había derramado, esconderlas antes de que él las notara en la comisura de sus ojos color avellana. Cada vez era más fria la relación, por lo que Tom había decidido dejar de compartir el lecho con ella, y presidir la casa desde uno de los dormitorios de la tercera planta, dejándola sola en una cama enorme, de sabanas blancas y tan húmedas que apenas podía dormir una noche del tirón.
Ya habían pasado cinco meses. La -no- boda se acercaba, y ella cada vez estaba más confundida, pero sobretodo dolida. Le dolía que no la aceptara. Le dolía que la tratara como una más. Le dolía pensar que él solo buscaba el calor de la hoguera junto a sus libros. ¿Dónde quedaron esos días de lluvia en los que se acurrucaban en la cama entre besos y caricias? ¿Dónde quedaron? Se tortura con recuerdos, y con fantasias. Emociones compuestas por un amor tan solo y tan repentinamente absurdo. Casi era como si no le conociera. Tal vez nunca lo había llegado a conocer del todo. Quizá no fuera más que un juego. Una chica más. En su cama. -porque él lo negaba, pero todos sabían que su fama de mujeriego no era inventada.- Y lloraba y lloraba. Solo sabía hacer eso. Y Tom la llamaba cobarde a sus espaldas. Por no luchar, porque él solo quería jugar a los niños malos. Eso era él, un niño escondido en el cuerpo de un señor elegante de treinta y pocos, que se dedicaba a visitar a su criada mientras su Victoria, apoyada contra la puerta, escuchaba los gemidos de otra mujer. Y los de su propio prometido. Que triste ¿no crees? Ella siempre lo dice.-Es muy triste, querida. Es muy triste que me trate así, pero bueno, es lo que desea, yo tengo que acatar todas las cosas que hagan feliz a mi amor.
Tom se reía de su ilusa actitud. De no saber pararle, porque en el fondo, eso queria ¿sabes? Quería que ella le dijera un '¡YA BASTA!' tan alto que le haría casi estallar el tímpano. Y ella solo escuchaba, miraba, y aceptaba.
Escuchar, mirar y aceptar. Justo lo que no quiere ver en una mujer. Y sin embargo, la ama tanto... tanto que piensa que se muere si ella le suelta un 'Se acabó...' tan bajito como un suspiro de los suyos. Y eso sería muy triste.-Aunque morir por amor... es muy bonito ¿No crees, querida?

noviembre 07, 2009

Saliendo de casa

Llega de madrugada a su casa, el ya está dormido. Que cosas. Antes veía la cama vacía cada noche y se lo imaginaba en sabe dios que cama con sabe dios que mujer.
Se toquetea el piercing , rozando los dos pinchos negros que sobresalen ligeramente de su nariz, indecisa de si entrar o no.
Abre la puerta con cuidado de no despertarle, se desnuda lentamente y se pone una camisa que Jota dejó tirada encima de la mesa supone que antes de dormir. Apenas abrocha un par de botones y se aupa en la cama, rodeando la cintura del chico con la mano.
Acurrucándose contra él. Hace frio, el balcón está abierto esa noche. Y no se por qué, le da la sensación de que mañana Jota tiene facultad.

noviembre 06, 2009

Hoy Gin se siente rara.

Caminaba de un lado a otro de la cocina, mirando de reojo la miel y el vasito de leche que giraba dentro del microondas. Daba golpecitos en sus sienes con el fin de pensar que era lo que había hecho mal.
Hoy Gin se siente rara. Pero no encuentra un motivo lo bastante bueno.
Creo que empieza a pensar que se está volviendo loca.
Justo en ese instante un pitido realmente molesto le da a entender que su lechita está ya lista para beberla. Y con muchas cucharaditas de miel, se lo lleva a la boca, oliéndola primero, y después bebiendo un trago que le deja la marca sobre la boca. Se relame sonriendo, le encanta ver sus bigotitos de leche.

Pero la sonrisa se apaga enseguida. Vuelve a sentirse rara. ¿que será lo proximo? ¿Ponerse a fumar?
Se siente rara, y no sabe como arreglarlo.

noviembre 05, 2009

Ann.

A Gin le castañeaban los dientes esa mañana. Hacía mucho frío y el cigarro se consumía entre sus dedos. Estaba parada frente al instituto pensando si entrar o no. Ya eran tres los días que no iba a clase.
-Hombre, ¡pero si es la desaparecida!
Detrás de ella, se levantaba Ann tan serena y segura de si misma como siempre.
-Buenos días, doña Flor.
-Otra noche de juerga ¿eh?
-Si bueno, una juerga de flipe, tia. No te haces una idea de lo bien que lo pasamos mi madre y yo ayer por la noche
-Volvisteis a jugar a las cartas ¿eh?
-Tia, que palizas me pega jugando al poker-Ambas se carcajean y andan lentamente hacia el parque empujándose con el hombro.
-¿Que tal con Jace?
-¿Jace? Oh, bien bien, ayer estuvimos en mi casa
-¿EN TU CASA? que fuerte tía, ¡eres muy jóven para tener relaciones sexuales!
Ann la mira cara de pocos amigos pero acaba riéndole la gracia.
-No, pava. Estuvimos cenando y tal...
-¡Ah! ¿Pero que encima no follasteis? Joder tia, ya te vale...
-Oye, que tú te tires hasta las piedras ¡no significa que yo sea igual!
Gin enarca una ceja y se para colocando las manos en su cintura, haciéndose notar entre el rebuelo que se monta en la separación que hay entre el instituto y el cesped de Heilig Bloed.
-Yo no me tiro todo lo que se mueve, chiquita.
-Bueno claro, las chicas te suelen dar más palo ¿no?
-Idiota...
Se sienta junto a un árbol y suelta la mochila estrepitósamente a su lado.
-Venga tia, no te piques, ¡es la verdad!
-¿Asi que soy la puta de Heilig Bloed?
-Algo así. Pero a mi me da igual ¿eh?
La niña se encoje de hombros y se apoya en la corteza gruesa de un árbol del que no recuerda su nombre.
-Pues en ese caso, estoy orgullosa de ser quien soy. No veo necesario cambiar.
Anny le revolvió el pelo con cariño y las risas de dos adolescentes tan profudanmente -(in)-maduras se escucharon desde el otro lado de uno de los puentes de Brujas.

noviembre 02, 2009

Alice.

-Alice, estoy enamorada.
-Lo sé
-¿Lo sabes?
-Eres mi hermana pequeña, ¿crees que no te conozco?
-Le quiero
-El te quiere tanto o más
-Prometelo
-uhm... no deberia, pero si, te lo prometo.

Se quieren. 2

Deja la guitarra a un lado, no es capaz de escribir más.
En el portatil ya suena Kase-O y ella se sumerje en la letra de Tarantula.
Janette tiene completamente olvidado a Paul -cree-. Hace casi un mes que no se ven. Esta cabreada pero no se siente mal ¿O sí?
Nadie le ve desde hace mucho. Nadie sabe donde, ni como está. Claro que, tampoco les importa.

Él por su parte vuelve al principio de la historia. Una chiquita demasiado borracha como para sostenerse por si sola. Era guapa y quería tirársela.
Lo tenía todo controlado, solo sexo y si te he visto, no me acuerdo.
Pobre, que iluso fue.
La noche que la besó en la estacion sintió algo diferente. Pero joder, solo tenía dieciseis años. ¿Y qué? Y el veinticinco, que coño le importa la edad. Bueno, pero eso no era lo peor. Tal cosa era que no solo se estaba enamorando él de la niña, si no que Janette se moría por sus huesos.
Estaba jodido, pero eso Jane lo suponía. Tampoco ella estaba del todo bien. Cuando le dijo que se estaba acostando con Shailene ella solo supo reaccionar cruzándole la cara y largándose antes de que le diera por bajonearse.
Ya rompería a llorar en su casa, sin que nadie la viera.

Ella es una puta luchadora

Anabella paseaba por los pasillos del hospital de día. Ya casi hacía dos horas desde que habían llegado. La quimio ahora era más larga, también algo más brusca.
Su hermana le estaba enseñando a conducir, por si su madre tenía algún problema.
El oncólogo sacudía la cabeza con desaprobación.
-Miriam, no. No vas a dejar la quimio ¿Te has vuelto loca?
-¡Pero si los marcadores no dejan de subir! No sirve para nada...
-Mujer, el tumor se ha reducido mucho, han desaparecido la mayoría de las metástasis y se que es duro, pero esa no es la salida y ambos lo sabemos.
An estaba fumándose un cigarrillo en la puerta cuando salió su madre.
-¿Qué te ha dicho?
-Los marcadores se han disparado otra vez.
-Ah... Bueno, no te preocupes, suben y bajan, ya sabes.
Ella sacudió la cabeza y aligeró el paso hasta el coche, dejando atrás a su hija.

Ella es fuerte, aunque no lo crea.
Ella es una puta luchadora.

Feliz cumpleaños

Yeira se sentó en la puerta de su casa,  llevaba unos pitillo vaqueros y una olímpica azul. Se colocaba el colgante con cuidado, rozándose la nuca con la cadena.
-Yei, ¿Dónde estás?
-Estoy aqui txiki.
Kurt salió a la puerta y la abrazó por detrás.
-¿Sabes que día es hoy, tata?
K., son las siete de la mañana, vete a dormir anda...
-Pero...hoy es un día especial...
-Si te portas bien, igual es un día aun más especial.
Le coje de la mano y lo sienta sobre ella acunándolo. Sonrió satisfecho y se acurrucó entre sus brazos, quedándose dormido tras varios minutos. Lo llevó a la cama, lo acostó con cuidado de no despertarle, y se tumbó a su lado, rodeándole con el brazo.
-Feliz cumpleaños, enano.
Kurt se removió en sueños y apoyó su mejilla contra el pecho de su hermana, escuchando el rápido latir de su corazón.
Kurt es idéntico a su padre. Le echa de menos.

noviembre 01, 2009

Por eso

Jota estaba raro ese día, piensa Gin. No sabría explicar por qué, o sí.
Creía que nunca se arrepentiría de conocerle. Pero Gin...¿está equivocada?

Toda la noche sin dormir, tratando de dar vueltas en la cama, pensativa, triste. Notaba las ganas de llorar, las lagrimitas rebeldes que se veían en las comisuras de sus ojos, pero estaba demasiado colocada como para incorporarse si quiera. Se notaba fría. Fría y ligera. Era una sensación tan agradable como molesta.

Intentaba concentrarse en calmar los latidos de su corazón, que ya notaba en la si-si-sien.
'Te quiere tía, que yo lo sé. Que se le nota'
Refunfuña. No quiere creerle, -bueno, quiere. Pero no debe.-
Con solo pensarlo le entran ganas de buscarle, de pedirle explicaciones, de mirarle a la cara apenas cinco segundos y buscar ansiosa sus labios, enterarse de cual es su sabor realmente, de comérselo con la mirada y con la lengua. De abrazarle, y-y-y... -se deprime-
De las ilusiones se vive ¿no?
Pues Gin también. Tal vez solo exista por eso.

octubre 30, 2009

Él.

Él, él era lo que ella nunca pensó encontrar en el mundo.
Él, él era importante para ella.
Él, él era lo que le hacía aceptar que su madre pudiese morir.
Él, él era el que la hacía sonreir después de llevar horas llorando.
Él, él era la persona que ella quería, aunque él no supiese admitirlo.
Él.. el era un todo y un nada en una vida de locos en la que no sabía si cabía.
Él, él era tanto, que dolía.
Él la quería tanto y tan mal... Ella le quería tanto y tan estúpidamente...

Ya es mucho tiempo, dice ella. Ya es pasarse demasiado. Ya es querer verle. Ya es...
A tirado toda la miel a la basura, y mira que le estaba costando y se está enganchando al tabaco.

Él ya no es nada. Él quiso no ser nada.
Y ella, ella ha salido de su vida.

octubre 28, 2009

KG

-Que bien me siento
-¿Sí?
-Kelly, tia, no sabes lo bien que me sienta decir las cosas en plan borde, es genial!
-Te dije que molaba
-Si es que eres la mejor, joder.
Gin abraza a su amiga y le susurra un gracias en muy bajito.

octubre 27, 2009

Sé.

Se de alguien que enloquecerá si no te siente.
Se de alguien que se morirá del asco, de tanto echarte de menos.

octubre 26, 2009

1:54, Martes

1:54

Que raro, normalmente las peleas no eran tan temprano...
uhm, pero ¿discutimos?
Gin se encoje de hombros y se muerde el labio. Se rie ligeramente al recordar una estupidez. Buah, que morao lleva. Que decía? ah, se muerde el labio, y piensa cuantos besos le debe aún!
Jo, los guardaré para el proximo.
Jolin, cada vez duran menos. Creo que esta miel está caducada ¿eh? ¿tú que piensas Balú?
Suspira y aun sonriendo llora.
Y se queda dormida, acurrucada junto a la ovejita francesa que le regaló su hermana una vez.

octubre 23, 2009

Se quieren.

Trató de hacerse la mayor, de no gritarle y perder los estribos. No era nadie para hacerlo.
Frente a ella, estaba Paul envuelto desde la cintura hasta las rodillas con una toalla blanquecina, y detrás de él estaba otra mujer, era bien linda.
-¡Pequeña! Pero, ¿qué haces tú aquí?
-Pasaba por aquí, y.. pensé subir a saludar, pero perdonad, ¡ya me voy!
Intentó sonreir, pero el atisbo no llegó si quiera a sus ojos, y Paul sintió un gran nudo en el estómago.
-hey Janette, espera.. Yo..
Ella sacude la cabeza y asiente levemente en señal de aprobación. Se gira y sale de la casa, con paso lento, pero baja las escaleras tan deprisa que parece que en cada escalón está más próxima la caída.
Paul se queda en la ventana que da a la entrada, esperando ver el cuerpecito menudo de su amor, mientras las manos de Shailene cobran vida y le rodean, dándole el calor que sus extremidades necesitan.
Ella se disculpa en un susurro apenas audible y él se gira para abrazarla, sin querer mirar a la chiquitina de ojos verdes que corre en ninguna dirección con las manos alrededor de su cintura.

Se queda sentada junto al penúltimo árbol de aquel parque tan grande, apenas son las dos de la tarde, pero ya el frío de Octubre le dice que debería volver a casa y meterse en su cama pequeña, intentar dormir y no querer soñar. Pero se niega a moverse, tampoco quiere llorar, no serviría de nada. Ella solo quería besarle, y que él la amase como lo había hecho al principio. Pero ya eran otrros tiempos. Y parecía que Paul olvidaba que era el querer. Y mucho más, que era quererla a ella.

Pero Paul no sentía eso, a Paul se le caía el alma a pedacitos cuando ella pensaba tal cosa, porque el lo sabía. Era un tipo listo, y notaba el dolor en sus mejillas sonrosadas por el frío. El sabía que ella se estaba enamorando, y aún así, no veía que hacer. Dejar de buscarla sería una tortura demasiado grande, pero verla, tocarla, y hacerse dueño de ella, sería tan doloroso como que le clavaran mil puñaladas con cada caricia. Buscaba en Shailene lo que no debía encontrar en Janette, aunque ni de lejos era lo mismo.
No. Él, aun sin querer admitirlo, sabía que ella sabía que la amaba. Y que poco más que aceptarlo se podía hacer. Él la quiere. Ella le quiere. Pero parece ser un amor de estos posiblemente imposibles. En los que reina la infidelidad, aunque después ni de lejos se sienta lo mismo.

octubre 22, 2009

Una calada de miel

Dejé el paquete de tabaco encima de la mesa, y me quedé mirándolo.
No quería probar algo que enganchase, o algo que ya me tuviese enganchada de alguna manera. No, no. Tenía que cortar por lo sano.
Que rabia, tengo que tener más personalidad y ser capaz de hacer las cosas como las digo.
Saqué un cigarrillo y me lo acerqué a los labios, ya tenía el mechero en la mano, pero no lo encendía.
Quizá.. si fuera capaz de esperar hasta mañana..
Lo rompí, y como los treinta y cuatro anteriores, lo puse sobre el cenicero. Quería probar a llorar en vez de fumar. Es menos adictivo y más sano.
Bueno, solo..una calada...
-Vamos, solo una, y lo apagas
Lo coloqué con cuidado entre mis labios, y lo prendí con la llama pequeñita del mechero de algún tío de los que pasaron por allí.
Inspiré.
-Oh, coño...
Una mezcla de tabaco y miel -consumida hacia poco- atravesó mi garganta, dejándome profundamente descolocada y con más mono que nunca.
Me quedé mirando como se consumía, sin soltarlo, sin probarlo, solo mirar. Mirar y no ver. Ya me había alejado de ese preterito perfecto. Ahora estaba en un pasado bastante más bonito, o que me apetecia ver como bonito. Tan adictivo como ese asqueroso tabaco que aún me recorría. Un 'nosotros' salió de mis labios, pero tan bajito tan bajito, que apenas se confundió con un suspiro.
Ya quedaba una sola calada, una calada de miel, que me apresuré a tomar antes de olvidar ese recuerdo.
El recuerdo de un beso que nunca conocí, pero que todavía me tiene enganchada.

Caprichosa

-Hoy me apetece un poco de miel.
-¿miel? ¿Se puede saber que te ha dado con la miel?
Gin se quedó pensativa un momento y recordó una noche y un él.
-¿A mi? Nada especial, me gusta, sin más.-mintió
-Ya, claro. No deberías mentirme cariño, soy tu novio ¿recuerdas?
-Piensa lo que quieres, sabes que poco me importa, cariño.
-Caprichosa.
-No quieras cambiarme ya

Te echo de menos.

Hoy te echo de menos. Pero porque se que estás.
Hoy, hoy te echo mucho de menos. Pero porque eres parte del mundo.
hoy, hoy te echo demasiado de menos. Pero.. ¿por qué tantos peros?
Hoy solo te echo de menos. Hoy solo quiero echarte de menos. Hoy no hay peros que valgan.
Hoy.. hoy te echo de menos.


-¿Y tú? ¿Me echas de menos?
-...
-Oh..

octubre 20, 2009

Una de despedidas.


-hasta otra, niña.
-...
-Venga, no seas así, dime al menos adiós
-...
-Giiiiiiiiiiiiiin, despídete de mí
-No me gusta decir adiós...
-Bueno, solo esta vez, y ya no tendrás que decirlo nunca más.
-Ya son muchas las veces que me lo has dicho, y no, no voy a decir adios.
-Pues adios.
-hasta...
Ginevra sacudió la cabeza y se dio media vuelta.

octubre 19, 2009

Maldita realidad

bla bla bla.
Ni si quiera le ve el sentido a lo que le cuenta. ¿Eso es un padre? Eso... eso es... eso no es ni persona...
-Alberto, ¿qué haces?
Shailene sujeta el pomo de la puerta, sabe que si lo suelta se caerá. Alberto sujeta la nuca de su hija y con una sonrisa siniestra, la golpea contra el suelo, pero cuando ve a su amor en la puerta, la mira petrificado.
-Shai, Shai cariño, yo..- Da un paso hacia delante con las manos hacia delante. Están ensangrentadas.
-No no. Ni me toques.
Sale de la casa, y baja los escalones lo más rapido que puede. ¡QUE ILUSA!
Dios mio, el otro dia pensando que no podía ser, y hoy... hoy... maldita realidad
Golpea todo furioso.
-MIERDA MIERDA ¡MIERDA!
Katherina se acurruca en la esquina, y le mira de reojo. Está temblando, pero no de miedo, tiene frío. La sangre se mezcla con las lágrimas de cansancio de la niña, que se levanta y sale de casa, dejando a su padre junto a la puerta, llorando desconsolado, y maldiciendose así mismo.
Por una vez, dos personas que se odian y se aman a la vez, coinciden en lo mismo.
"Odio tener que llamarle papá"

Algo que me recorre

Tal vez eso de dos palabras -"Te odio"- sean pocas para expresar los sentimientos que me recorren. Tal vez sean perfectas, o tal vez, solo lo fueran en aquel instante. Señor me doy por aludido porque quiero, simplemente plasmo aqui, allá, y en cualquier sitio en el que se puede escribir, PENSAMIENTOS, repito, pensamientos con un sinfinnnnnnnnnn de equivocaciones. O no tantas.

Calla, solo escucha/lee. Calla.

Sonríe, sonrie como cada mañana cuando me ves, -aunque no me veas- sonríe con cada suspirito que me robas de entre los labios, disfruta haciendome feliz, y disfruta viendome triste por tus actos, o por los mios. Por los de ambos. No, no se trata de amor -Creo- solo de algo que me llena, una amistad especial, -porque por desgracia, solo es amistad- deberia estar contenta, dichosa, pero soy iiiiiincapaz. -TOMA EGOISMO-
Y ahora es cuando daria golpes a las cosas, pero prefiero quedar los deditos temblorosos pegados a las teclas del portatil, respirar hondo un par de veces y seguir escribiendo esto.
No es ninguna historia. No hablo ni de Kurt, ni de Sonia, Ni de Victoria ni de Jota o Jonás. Hablo de alguien más especial. Hablo de algo que de verdad significa mucho. Hablo de mí. -Sí, me importo. ¿es malo?-
Que no leas. Que no sigas leyendo. Si no te gusta, para. Sencillo.
Solo una ultima cosa, -más bien, duda, pero en fin- Te quiero, no te quiero, te quiero, no te quiero. ¿Te quiero?
Enséñame que significa querer, y te diré si de verdad siento amor o es solo algo. Algo que me recorre.

Cuanto la admiraba

Kurt entró en casa derrapando e imaginando que sus piernas eran las ruedas de una gran moto. Su madre sacudía la cabeza sonriendo desde la puerta.
-Cariño, ¿estás en casa?
Nadie contestó, por lo que supuso que no estaba.
-Chiquitín, ven aquí, vamos a tomar algo de merienda ¿Sí?
-Jo, mamá...
-Venga, ¡vamos, vamos!
Le dio un golpecito en el trasero, empujándole con suavidad hacia la cocina.
-Mami, mami, ¿sabes qué?
-¡Digamelón! - se rió ella
-Dentro de...quince días ¡cumplo todos estos años! - señalo todos los dedos de una de sus diminutas manos.
-¡ALA! Pero ¡si estás hecho todo un viejecito Kurt!
-Lo sé, mamá, lo sé. Yei no podrá volver a llamarme enano, ¿te imaginas?- dijo orgulloso de si mismo.
-¡Jolín! ¿Yo tampoco podré llamarte chiquitín?
El niño pasa junto a su madre con el nesquick en la mano y se abraza a su pierna mimoso.
-Tu sí, por favor ¡que cosas tienes!
-Ah, ¡bueno!
Le revolvió el pelo y se dirigió al baño a darse una ducha.
-Cariño, estoy en el baño, portate bien ¿eh?
-Si, sí ¡Brum, brrrrrrrrrrrrum!
Quince minutos, lo justo para relajarse. Salió del baño envuelta en una toalla rosada.
-¡Maaaaaaaaaaaaaaami!
Kurt corría de un lado a otro con su moto imaginaria.
-¿Mamá?
-Estoy en mi cuarto, hija.
Se asomó sonriendo y la saludó con un movimiento rápido.
-¿qué tal el día?
-Bien, sin más.- sonrió con picardía y su madre la observó detenidamente.
-Estas hecha toda una mujer, cielo.
Cuanto la admiraba... Yeira se acercó y abrazó a su madre con dulzura.

octubre 18, 2009

Solo dos.

Y ahora sí, solo dos palabras, TE ODIO.

Quiero hacerte una propuesta

-¡Maaaaaaaaaaariam!
-¿queeeeeeeeeeeé? Pesado
-Que te quiero hacer miiiiiiiiiiía
Mariam se carcajea y se gira para mirarle, enredandose las sábanas en sus piernas.
-Repitelo otra vez
-Quiero hacerte mía.
Mariam deja de sonreir y se sienta sobre su novio, él la sujeta por las caderas y la acaricia despacio sin dejar de mirarla. Está sentado, y apoya la espalda en la pared de la cabecera de la cama, ella dibuja figuras indescifrables en su pecho con la punta de la lengua. El suspira y la toquetea. Ella sonríe. El se calienta. Ella se levanta, va al baño y vuelve con un condón colocado sensualmente entre sus dientes.
Taylor le hace el amor con infinita dulzura, así como le gustaba a Mariam, haciéndole sentir cada beso, y disfrutando de cada caricia, que enfrascaba en un rinconcito de su corazón de hielo fundido.

-Te quiero mi amor
-Mariam, tengo que hacerte una propuesta
Se incorpora un poco, y le mira con toda la sabiduria del mundo, Taylor se estremece y la besa.
-¿Quieres casarte conmigo, Mariam?
[...]

Mariamsaledelacamaconunalagrimayacorriendoporsumejilla

Ciento y algo

Yeira salió del baño con el pintalabios rojo algo difuminado, y marcas por todos lados, llevaba el vestido azul del revés, colocado con muy poco cuidado, y algo desabrochado, dejando ver un sujetador rasgado.
-hé, niñita.
Ella se gira con una mueca de fastidio y enarca una ceja.
-¿hmm?
-¿Cómo te llamas?
-Para tí, Irene.
-¿Para mí? ¿Le dices nombres falsos a la gente?
-Le digo nombres falsos a los tíos que no tienen ni puta idea de como hacerme disfrutar. Tú eres el número.. ciento y algo, asi que sí. Para tí, Irene.
-Zorra.
-Oh, como tu madre.
Yeira salió del bar con una sonrisa muy linda, y el tipo se quedo en la puerta insultándola. Ella estaba tan acostumbrada, que le dio exactamente igual lo que aquel... señor dijera.
Total, habia conseguido lo que queria. Aunque ese polvo no hubiese sido el mejor, habia logrado engatusar a otro hombre, y en menos de un minuto.
'Ay maldita Yeira, cada vez me sorprendes más' se susurra entre risitas [...]

octubre 17, 2009

S. llorar por llorar.

No estaba precisamente contenta esa tarde, estaba sentada en la puerta de la casa de Alberto. Era miércoles.
Aunque ella sabía que estaría con su hija, quiso pasarse a saludar, o a no solo saludar.
Escuchó las voces dentro de la casa, escuchó a la niña llorar, y se quedó parada en la entrada, sin saber que hacer.
No podía creerse que fuera tan violento; '¿Alberto? que va, siempre la ha tratado bien, esa niña debe ser un demonio' pensaba una y otra vez. Estaba empapada por la lluvia, y dichosas lagrimas que se empeñaban en corroer sus mejillas enrabietadas.
Echó a andar hacia ningun lado, tal vez se pasaría por casa de Paul. No. Mejor por casa de Jonás. Ese tipo siempre estaba cachondo.
Se había cansado de llorar por llorar.

octubre 15, 2009

Una porcioncita de Janette

Habían pensado verse como cada día en la estacion del lado sur, pero Janette no quiso darle el gusto de ir. Su cabecita seguia recordando mensajes irónicos y estupideces de esas que a ella no le gustaban ni un pelo. Pero claro, también recordaba a su querido Paul, con ese sabor que dejaba en sus sabanas, ¿miel? dichosa miel que la volvía loca cada noche calenturienta y sola.

Paul manoseaba la tostada pensando en quien sabe qué. Bueno sí, todos sabemos que piensa en su chiquitina. Obviamente, ni sus noches pasionales con Shailene son suficientes. La deja caer sobre el plato, ya sin hambre, y se da una ducha fría para intentar bajar esa erección que un simple pensamiento le ha causado.
Sin ni si quiera tocarle, Paul se excitaba, solo pensaba en ella, en su cama, dormida, con su camisa puesta y no más que unas bragas de color oscuro.

Sonó un par de veces antes de que lo cogiera.
-¿sí?
-Jane, soy Paul.
-Ah, hola Paul.
-¿todo bien?
-Perfecto, hoy quedé con un..una amiga para comer.-rie algo nerviosa.
-No tienes que mentirme, si has quedado con un chavalín, no es mi problema.
-Claro, a ti te suda los huevos todo ¿eh, amor?
-No empieces
-No empiezo. Acabo.
Paul sabía que si por casualidad, el tema se desbordaba, ella colgaría y no volvería a cogerle el móvil. Asi que, estaba parado frente a la puerta de su casa. Esperandola.
Janette pareció perderse en su mirada un segundo, para luego recobrarse enseguida y poner esa cara de fastidio que tan graciosa le parecía a su hombre.
Sin si quiera dejarla reaccionar, puso sus manos sobre la cintura de la niña y la beso, con fuerza. Janette ni se movió, no se molestó ni en cerrar sus ojitos color cielo encapuchado. Pero estaba disfrutando. Ya pocas cosas le gustaban más que sentir cerca a ese tipo.
Se alejó, dejando su perfume suave enredado su nariz y entre sus dedos expertos.
Se mordió el labio durante casi veinte minutos, sonreía cuando lo recordaba y se enfurruñaba cuando pensaba en que solo iba a ver a su hermanito pequeño.

octubre 12, 2009

Cansada de hacerse la valiente.

Cada mañana de los miércoles era menos apetecible. Justo ese día estaba nublado, era realmente asqueroso. Katherina se fumaba un porro en las escaleras de su piso, notaba el calor en su garganta, estaba demasiado cargado, pero necesitaba colocarse.
Las lágrimas empañaban sus ojitos azules esa mañana. Estaba asustada.
Estaba escondida tras una mascara de continua hipocresia, pero a veces se agotaba y lloraba como una niña que era.
Siempre piensa que las cosas volverán a su cauce, como si fuera un río. Pero cada Miercoles se da cuenta de que no se engaña mas porque no puede.
Después del instituto llega a casa, su padre está sentado en los escalones. Fuma.
-Hola papá
-Katherina, hoy quiero hablar contigo..- Casi parece que Alberto suspira
-Claro, ¿entramos?
Su padre, caballeroso esa tarde, le abre la puerta y le cede el paso, acariciándole el pelo con... ¿ternura?
Kathe extrañada le mira. Tiene los ojos humedos.
-Papá, ¿estás.. bien?
Sacude la cabeza y la empuja hacia dentro, ya con menos dulzura.
-Entra Katherina. Entra y dejame hablar a mí.
La niña deja en la entrada su mochila y con las manos bien tapadas con su sudadera se sienta en el sofá.
-¿Sabes? como te he dicho tantas veces, me asquea que lleves mi sangre por esas venitas tuyas. -Señala sus muñecas- Y veo que las tienes bien larguitas ¿eh?
-¿qué quieres decir?
Se levantó con una sonrisita siniestra en sus comisuras y tras ir a la cocina y coger un cuchillo con sierra, se sentó a su lado, pasandole una mano por los hombros.
-Papá.. ¿que coño haces?
Katherina hizo un simple amago de levantarse y las manos de él se cerraron en su nuca.
-Aquí quieta. Hoy vamos a jugar a los medicos ¿quieres?
-No, ¡No quiero! ¡Sueltame!
-Cállate.
Papá por favor, no hagas tonterias..
-Ya la hice, ahora solo la voy a remediar.
Un hilo de sangre se escapó entre su piel. Apretó la mandibula con fuerza y le sostuvo la mirada.
-No me mires, puta.
-No me mires, mamón.
 Le escupió en plena cara y salió corriendo hasta la puerta principal, tropezando con todo lo que había en su camino. Alberto la perseguía gritando su nombre con profunda histeria.
-¡KATHERINA! ¡VEN AQUI JODIDA PERRA O ME VERÁS CABREADO!
Salió a la calle sujetándose la muñeca ensangrentada, pero cuando quiso darse cuenta, su padre estaba detrás de ella y la amenazaba con rajarle la yugular.

Ya estaba metida en la cama, con su muñeca vendada, y arropada hasta las orejas. Los golpes le dolían más que nunca. Y notaba como sus costillas temblaban con cada ruido.
Estaba cansada de recibir y callar. Estaba cansada de hacerse la valiente.

octubre 11, 2009

Felices

-¡An!
Se rió mirándole embobado, ella seguía bailando completamente entusiasmada.
-¡Max!
-Oye pequeña, ¡no me imites! - la sujeta por la cintura y la besa con dulzura antes de que conteste, ella le abraza sonriendo. Es feliz.
Maxxie y An están paseando por aquel pueblecito pequeño. El de ella. Se paran, se besan, sus dedos siguen entrelazados. Todo el día. Son felices.
Ya son más de las tres y empiezan a tener hambre
-Amor, yo no se tú, pero yo me muero de hambre..-An se sujeta el vientre ruborizada y él se rie al verla.
-Oh, espera ¡que te invito a comer! -La besa y juguetea con su lengua- ¿sigues con hambre?
-ja, ja ¡Graciosillo! bésame, bésame, bésame -An tararea la base de alguna canción conocida y Max la besa cada vez que ella se lo pide, entre risas. Extasiado por su mirada.
-Te quiero
Ella suspira y le muerde el cuello suavemente, susurrandole al oido cosas indescifrables.
-querer.. creo que las palabras se me quedan cortas, cariño. Pero sí, te quiero, o algo de eso.
Y le besa, otra y otra vez y se sacia cada vez más, entre lametones y caricias. ¡Que maldita felicidad!

octubre 10, 2009

¿qué hacer?

-Ya, ya, lo que tú digas, ¡Cómo no!
-No seas cría, Sonia.
-No lo seas tú.
-Siempre yo, siempre soy todo para tí.
-eras, hombre. - Le corregí
-Son, ya está bien de hacerte la victima
-Sabes mucho de eso ¿verdad? Tú eres siempre la victima en este mundo de malas personas. Como eres un santo...
-hé, no me hables así.
-¿ves? ¿y ahora qué? ¿harás como ayer? ¿Me cerraras la boca a hostias?
-Cállate.
-No, estoy harta de que te creas mi dueño, ¿de que vas?
-¡Cállate!
Agaché las orejas y salí del dormitorio, total ¿qué otra cosa podía hacer?

Desastre.

Es un desastre, yo sé que es un puto desastre. No consigo recordar la primera mirada, o ese primer te quiero, pero la verdad no me importa. Recuerdo el último y eso es un DESASTRE.
Quizás solo esté sobrevalorando el amor, quizás todo lo que digo sentir no sea más que fruto de mi imaginación o simplemente sienta algo parecido y eso es.. bueno, ya sabes, un desastre.
A veces me gustaría que fuese así, pero luego te veo, justo en frente y se rompen mis esquemas -igual que los tuyos ¿recuerdas?- y todo el mundo parece derrumbarse a nuestro alrededor, solo que al final, tú sales sin problemas y a mi me cuesta la misma vida atravesar el camino entre escombros. que desastre...
Son días buenos, o no tan buenos, pero no malos, no, no, nunca malos.
Son ilusiones "rotas" y palabras "repetidas" son locuras, dulces locuras, de esas que se te clavan en el corazón como si fuera un dardo. De esas que como masoca que eres, te enamoran. DESASTRES.
Desastres que no estoy dispuesta a abandonar. Y ya puede venir dios a decirme que me vaya, que hasta que no lo crea necesario, no saldré del campo de batalla. Aunque haya posibilidad de caer antes del regreso.
Ese sería realmente, el único desastre.

octubre 08, 2009

El hombre de antes.

Las tres de la mañana eran ya y Janette seguía esperando en la estación del lado sur. Tenía el pelo levemente ensortijado por la humedad y el entrecejo fruncido. Estuvo esperándole hasta cerca del amanecer. Esa noche no se presentó y acabó volviendo a casa bajo gotitas heladas de una lluvia anticipada. Pero lo que ella no sabía, es que, el hombre que creía dominar, descansaba plácidamente bajo el cuerpo menudo de otra mujer.



A penas salió el sol, Paul recobró el sentido. Tenía un dolor de cabeza inhumano, fruto de una noche repleta de sexo, drogas y alcohol. La observó dormir. Aunque el día no era bastante caluroso, ella dejaba ver su piel entre las sabanas. Sus tirabuzones pelirrojos caían con suavidad sobre su espalda desnuda. Con los dedos trazaba figuras sobre las caderas de la chica, acariciándola. Ella despertó y se quedó mirándole con esa cara de señorita que tenía.
-Buenos días, dormilona.- Le besó el cuello sutilmente y ella se acurrucó entre sus brazos.
-Buenos días, amor.
-¿dormiste bien?
-Oh, hubiese preferido no dormir… ¡Pero, si!
Su sonrisa era increíble, era tan risueña que dolía. Era la única mujer que le hacía olvidar a su pequeña Janette. Por primera vez, había dejado pasar una noche con ella para acompañar a Shailene.
-¿Shai?
-¿Hm?
-¿tú me quieres?
-Claro, Paul.
-¿Cuánto?
-Lo suficiente como para sentir celos de esa niña.
Paul la abrazó con fuerza, acariciándole el pelo con ternura e ignorando algunas palabras de su amiga.
-Sabes que yo también te quiero ¿no?
-Sí.
Asintió y salió de la cama. Shailene le observó vestirse sin perturbarse. Nunca dejaba que viera sus emociones.
Con la camiseta en la mano se acercó a ella y la besó. Ella envolvió su cuello con los brazos y tiró de él, dejándole caer sobre su cuerpo.
-Shai, Shai para.
-¿por qué no puedes complacerme por una vez? Me buscas, y cuando lo haces siempre me encuentras. Pero cuando soy yo la que te exige pasar la noche juntos, me rechazas besándome en la sien con esa mirada de ternura fingida. Estoy harta. Quiero que vuelvas a ser el hombre antes. El que se volvía loco con una mujer desnuda. Quiero que me folles, Paul, no que me hagas el amor.
Él suspiró sobre sus labios y ella cerró los ojos temblorosa.
-No me hagas esto y luego te marches, viejo.
El tono de ella era hosco y él ni si quiera se digno a contestarle, solo se desabrochó el cinturón dando un golpe sobre la pared, furioso.
Los pantalones cedieron bajo las manos de Shailene, que pese a verle muy alterado, no renunció a su imprevista embestida.
La penetró con fuerza. Mordió sus pezones en un intento de sentir algo, la acaricio, sus muslos llevaban el nombre de él tatuado a base de señales, pero no era más que sexo, su corazón ni se inmutaba. Aún así la follo y ella gimió como nunca. El placer nublaba los sentidos de ella, sin embargo, eran lágrimas las que cegaban la mirada de él.


Janette estaba tumbada en el suelo. Ya no pensaba en Paul, si no que dormía serena. Dejó el móvil en la cocina, por si alguien osaba molestarla y tras un par de horas, se sentía más cansada aún que al principio. Optó por una ducha de agua fría y un café bien cargado.
Paul había dejado un mensaje en su contestador.
"Pequeña Janette, soy Paul. Anoche estuve ocupado, espero que no te molestara. Ya te llamaré."
Tiró el móvil contra el suelo, enfadada.
-¿Ya te llamaré? –gritó a la nada- Y una mierda “querido” Paul, vuelves a ser el mismo de antes.Salió de casa fumando. Esa mierda que pillaba era realmente buena, pensaba tras cada calada.

octubre 03, 2009

Puta bocaza.



Me quedé mirandola, con las cejas enarcadas y todavía sonriendo.
-Flipo tia.
-¿si? ¿flipas? - su cara era realmente desagradable, de verdad, si las miradas matasen, ella estaba descuartizandome.
Sacudí la cabeza riéndome.
-Callate ya anda.
-No me da la gana
-¿no? Pues ea, ahí te quedas. Cuando sepas hablar bien o cuando aprendas a cerrarme la PUTA BOCAZA, entonces me hablas. Mientras no me apetece escuchar tonterías.

Di media vuelta y me adentré de nuevo en el callejón.

Maldita Yeira

-Comprenderé cualquier cosa que me impongas. Cualquier cosa que salga de tus labios para mi será un mandato. Una orden que cumpliré con gusto. Besaré tus pies si es lo que quieres, o cortaré mi cabello si es lo que te gusta.

Ella lo miró casi riendose, y aplastando el medio cigarrillo que llevaba entre sus finos dedos, se levantó y se largo de aquel cuarto, dejando a ese pobre imbecil de turno, sollozando.
Uno más habia caido en la trampa de la telaraña.
Yeira estaba orgullosa de si misma. Eran ridículos.
"Putos picha floja.." se pavoneaba ella. "nunca aprenderán los pobreciyos..."
Y con ese paso tan particular suyo, ese movimiento de caderas, y esa sensual mirada, entró en el bar de enfrente y acaricio el trasero de otro hombre. Otro hombre, que, como estúpido, ando tras ella hasta el baño, para encontrarse una jovencita de ojos verdes y uniforme escolar[...]

Maldita Yeira.

Loco.

Alberto llegó a su casa a eso de las dos y media de la madrugada. El frío se colaba entre sus ropas, pero la botella de whisky le mantenía caliente.

Aporreó la puerta con fuerza, no encontraba las llaves, pero sabía que Katherina estaría durmiendo en su cuarto.
Se le desencajaba la expresión cada vez que recordaba la cara de su hija “puta niña…”
Katherina bajó las escaleras tan rápido como pudo y abrió la puerta a su padre. Ya empezaba a disculparse cuando recibió el primer golpe.
Alberto estaba loco de cólera y la niña ahogó un gemido cuando su padre la asió del pelo forzándola a levantarse.
-Papá, papá por favor…
Kathe ya estaba llorando. Cada vez que su padre volvía de madrugada bebido, la paliza era inhumana. La última vez, le rompió tres costillas y el brazo por dos lados diferentes. Sin contar los cortes y las magulladuras.
El seguía sin contestarle, arrastrándola hasta llevarla a su cuarto. Ya ella sabía lo que iba a pasar y trataba de apaciguarse sin más, pero un temblor brutal la recorría de pies a cabeza. Su fino pijama se rasgó bajo las manos de su querido papá. Ella solo supo quedarse quieta y cerrar los ojos con fuerza.
Maldito miedo que la recorría…
La miraba con los ojos desorbitados, apretando sus senos con fuerza. Las lágrimas empapaban las sábanas y la respiración de ella se hacía más ronca. Era realmente repugnante.
De repente se levantó, se desató el cinturón y se quedó mirándola con desprecio.
-Zorra, ojala te mueras antes de salir de esta casa.
Y solo así, un sinfín de latigazos adornaron gran parte de su cuerpo, haciéndola gritar y llorar con ímpetu.
Estaba loco aquella noche.

octubre 02, 2009

Ese hombre la vuelve majara

-Hola preciosidad. -dijo Jonás sonriéndole y besandole en la sien con suavidad.
-¡Hola bichín! Pensé que me habías abandonado esta noche.
Gin cerró la puerta del piso con rapidez, mirándo a ambos lados del pasillo y asegurandose de que nadie les veía. Se giró sobre sus pies con una sonrisa sugerente en sus comisuras y él, sin esperar nada más se acercó besandola ansioso.
-¿sabes Jonás?
La mirada de su acompañante se paró frente a la suya tras perfilar su oreja con la punta de la lengua.
-Dime pequeñica.
Ginevra sin contestarle le empuja hasta su cama, donde cae de espaldas y se queda mirándola embobado mientras ella arrastra las manos desde su cintura levantadose la camiseta con brusquedad. Alex se queda sentado y la acerca un poco tirando de ella desde su trasero, le da ligeros besos en el vientre y le desabrocha el sujetador perfilando cuidadosamente sus senos.
Ahoga un gemido, ese hombre la vuelve majara. Se sienta sobre el mordiendole el cuello varias veces, acariciandole el torso y bajando las manos hasta su cinturón, desabrochandolo extasiada en su mirada.
-Joder Gin, me entran ganas de comerte cuando te pones así
Ignora sus palabras concentrada solo en acariciarle ligeramente mientras sus labios bajan por su pecho. Jonás la incorpora un poco, está demasiado excitado como para pensar solo en que los labios de ella se cerraran entorno a su polla. No, no, es incapaz, quiere estar dentro de ella. Y asi se lo dice.
-Follemos nena
-Para algo te hice venir ¿no?-sonríe traviesa mientras juguetea con un mechón de su cabello ondulado.
Él cada vez estaba más cachondo, esa niña le obligaba a hacer cosas que nunca hubiese pensado, pero solo pensar en irse le escandalizaba.
Subiendole la falda tranquilamente, se concentra en respirar su aroma. La acaricia con los dedos y ella jadea tirándole del pelo. Clava sus dedos en las costillas del chaval.
Alarga el brazo hasta su bolso y saca un condon, golpeandole la nariz con dulzura.
-¿Me lo pones reina?
Se aupa un poco sonriendo, mientras ella le besa y le coloca el condon con un cuidado infinito, haciendole suspirar varias veces.
La penetra. Despacio. Un poco más rápido. sintiéndola. Y cada vez más. Y la besa, y la acaricia, y la hace gemir, la vuelve loca bajo sus labios, y lo que no son sus labios. La vuelve majara. Y él lo es con ella.
Toda una noche, con una musiquita lenta de fondo que no logra escucharse por culpa de gritos de placer que se escapan de entre sus labios.
Y toda una mañana, durmiendo el uno junto al otro. Abrazados. Desnudos. Y pegajosos por culpa del sudor.

Shinoflow ♥

Me dijo ¿quién eres tú sin mí?
Le dije NADIE

octubre 01, 2009

Flipada.

-Tia, tú estás flipada en serio
-Tranquilito monín, ¡que estoy de cine!
-¡Pero si vas hasta el culo Katherina! No puedes ir a casa así, es Miércoles joder...
-¿Sabes qué te digo?
-Sorpréndeme
-Pienso ir a casa de mi padre. Pienso llegar así. Y pienso gritarle lo repugnante que es.
-¿De verdad?
-No.
Katherina perdió el equilibrio y calló al suelo estrepitósamente.
-¡Kathe!
Se quedó de rodillas y sin previo aviso, rompió a llorar. Se aseguró de llevar la chaqueta bien puesta, tapandole cada parte de su torso y notó los brazos de su acompañante rodeandola con fuerza.
-¿Es ya el momento de que pare?
-Es desde hace mucho pequeña...


Desde hace mucho tiempo...

Cada noche,Cada noche...

-¿qué pasa ahora?
-¿qué pasa de qué amor?
-mira la cara que tienes.
-Solo estaba pensando, ¿no puedo pensar?
Tom se gira irritado sin querer contestar a la absurda pregunta de su prometida.
-Venga cariño, ya sabes que soy así, discúlpame.
-Victoria, ¿por qué no me dejas solo un momento?
Se reclinó suavemente sobre el sillón de cuero que se presentaba imponente en mitad de la biblioteca.
La mujer observó las paredes repletas de estanterías con miles de libros, de tamaños y formas tan diferentes, pero no se movió de su lugar.
-Lo siento querido, pero no me moveré de aquí.
Tom levantó la vista y observó la pose de la persona que amaba, tan fina, tan segura de si misma, tan sumamente perfecta...
-Pues entonces quédate ahí, sin más - dijo con un tono molesto que a Victoria le pareció adorable.
-Oh, amor...
Ella anda a paso ligero hasta llegar a su prometido, y colocando el vestido cuidadosamente, se sienta sobre él. rodea su cuello con los brazos y lo besa apasionada.
-para mujer, estas no son formas de...
Un nuevo beso interrumpe las palabras de Tom Flint, pero no reacciona a las estocadas de su preciosa mujer y esta acaba por darse cuenta. Se levanta y sale de la habitación sin mirarle, lágrimas adornan sus ojitos del color del mar y cierra la puerta con un movimiento rápido.

"Cada noche, cada noche..." se lamenta Victoria mirando al horizonte.

Y ella sigue pensando que su marido no la ama...

Pero Tom la observa, desde la ventana de su gran biblioteca memoriza sus movimientos, hasta el más leve temblor en sus largas pestañas, y se lamenta, claro que lo hace, porque ve desvanecerse un amor que jamás nadie en toda la eternidad comprenderá.


NOsonnecesarioslosTEQUIEROS.Siemprequelosdemuestres.

septiembre 30, 2009

Prisas y más prisas.

Salí de la ducha acalorada, me sequé apresuradamente con la toalla y cogí la ropa interior del primer cajón del armario.
Corrí por toda la casa semidesnuda, con el cepillo de dientes metido en la boca mientras intentaba abrocharme el sujetador, que se empeñaba en risistirse bajo mis dedos.
La camiseta azul , esa olímpica, ¿sabes cual digo? Si, si, ¡esa, esa!
Bueno, pues me la puse, y cogi los vaqueros estos caídos que tanto me gustan con las deportivas Jonh smith.
Vacié la bolsita ¿donde guardo el maquillaje y todo eso? pues esa, la volqué sobre la cama y como loca busqué todo lo que necesitaba, o sea, cuatro cosas.
Lapiz de ojo, eyeliner, algo de sombra negra y como no, el Rimel.
Me pinté apresurada, mirando el reloj cada pocos segundos, Ya solo quedaba retocar las pestañas con el rimell y habría terminado.
Me miré al espejo de pie y sintiendome orgullosa de mi tipo y de mi estilo, salí a la calle.
Caminé hasta un parque cercano y allí... Allí estaba ese niño. ¿Como se llamaba? ¿Landom? ¡ah, sí! Ese era su nombre.
Ese niño me tenía perdidamente enamorada... sus dientecitos blancos, su mirada dulce, sus manitas suaves...
Los mejores cinco años que jamás haya visto una mujer...
Y pensar que ese niño era parte de mi...
Cada vez que lo veía, mi mundo dejaba de girar, ya no existían esas prisas y más prisas




CartadeunamadreaSUsiempreHIJO.

Miércoles.

La semana se había pasado en un santiamén Ya era miércoles otra vez, el día en que la niña Katherina y su papá, quedaban para verse.
Katherina escondía sus finas muñecas bajo una sudadera negra un poco grande para sus dimensiones. No prestaba atención al mundo que la rodeaba pero se asustaba con facilidad.
Frente a la puerta principal una cámara anunciaba su llegada, y un hombre de pose firme y segura salía a s encuentro.
-Buenos días Katherina.
-Buenos días papi.
-Vamos, ¿piensas quedarte ahí todo el día o prepararás algo para desayunar niña vaga?
-Claro, ¿que te apetece hoy papá?
Katherina contaba ya sus casi 17 años y seguía siendo igual de ridícula que con cinco. Pero realmente, ahora solo intentaba evitar una paliza que con mucha suerte conseguiría olvidar.
Odio tener que llamarle papá...
Sumida en sus pensamientos como estaba, no vio venir la estocada de su querido Alberto.
El golpe en las costillas la dejó sin respiración durante unos instantes.
-Como no me prepares el puto desayuno en menos de 10 minutos tu y yo vamos a tener un grave problema puta.
Ella se limitó a asentir y a cocinar.
Alberto salió de la cocina, no eran más que las diez de la mañana y ya estaba bebido.
A la chica le entraron ganas de llorar, sentía lastima por su padre, quería ayudarle a avanzar, a que no se destruyera la vida y de paso...que no la arrastrara al infierno de cada Miércoles.
Un poco de esto, un poquitin más de lo otro y... ¡listo!
Las voces de su padre empezaban a sonar más altas y peligrosas. Kathe se apresuró a terminar y a llevarle la bandeja a su padre, que para no variar, le tiró a la cara.
-¡me cago en la puta! No sabes hacer nada bien ¿eh? Sí, tápate la cara, tapate esa preciosa boquita, ¡porque te la voy a destrozar en cuanto te descuides niñata!
Katherina pensó en huir, pero eso solo lo enfurecería más, asi que, se irguió lentamente y espero el golpe que seguramente volvería a partirle el labio por... bueno, no recuerda cuantas van ya.

Katherina llegó a casa el Jueves a las 7:00 a.m
El mundo dormía bajo techos seguros y ella caminaba hasta su casa con una gasa pegaba al pómulo.
El frío la carcomía por dentro y los recuerdos le parecían confusos.
Apretó el paso y giró la ultima esquina hasta el edificio número quince de la gran avenida. Sabía que su madre no estaría en casa, asi que no tuvo que preocuparse por tapar unas heridas que nadie vería[...]

Contacto.

Saco la llave del contacto y con una mano apoyada todavía en el volante salio del coche.
Esa noche llovía a cántaros pero Paul ni se inmutaba.
En la quinta ventana empezando desde la izquierda se dibujaba la silueta de una pequeña mujer.

Janette se situaba justo frente a la ventana, con las manos suavemente colocadas a la altura de sus caderas, estaba tranquila.
Una sonrisa pícara en sus comisuras hizo que Paul se moviera ligeramente y entrara en el hall de aquel edificio.
Un toque en la puerta fue suficiente. Janette esperaba al otro lado para abrirle.

Un escalofrío recorrió la nuca de Paul cuando ambas miradas se encontraron, pero este no se movió de la entrada, simplemente se apoyó en el marco de la puerta y esperó a que ella diera el primer paso.
Janette desabrochó un par de botones de su camisa blanca. Aún llevaba el uniforme del colegio, ese día le parecía que iba a ser el atuendo perfecto. Se puso de puntillas y lo besó con una intensa ternura. Las manos de él sujetaron las mejillas de la niña siguiendo ritmicamente aquel pulso entre sus lenguas.
Jane pasó los brazos alrededor de su cuello besándole con más fuerzas.
Paul acaricio sus muslos finos y suaves y con un ligero movimiento la levantó, pegando su pequeña espalda a la pared y perfilando sus pequeños y redondeados senos con la punta de la lengua[...]

Esa chiqitina le robaba la razón.
Pero ese hombre la hacía realmente disfrutar tras un mal día.

septiembre 28, 2009

Llamada.


Su msn estaba abierto, el ordenador ardía tras llevar horas encendido, aunque realmente, Janette estaba a años luz de su dormitorio cuando su movil empezó a sonar irritablemente, sacandola de su ensoñación. Era un número desconocido.
-¿Sí?
Al otro lado del telefono solo se escuchaba un tráfico lejano.
-ehm...¿hola?
-Hola.-dijo con voz firme.
Cuando su mente analizó esa voz, sus mejillas se colorearon de rojo intenso y apretó la mandibula con fuerza.
-¿quién eres?
-¡Sabes de mááás y de sobra quien soy pequeña Janette!
-Que va, realmente no tengo ni idea.
-Soy Paul.-Dijo exasperado.
-¿Paul? No conozco a ningún Paul...
-¿Sabes que mientes mal hasta por teléfono?
-Oye mira, no se que quieres y la verdad no me importa mucho, asi que hasta otra, monín.
La linea se cortó, pero Paul se quedó el móvil pegado a la oreja y con una sonrisa divertida susurro un "hasta pronto" que le hizo reir.

Janette se lavó la cara con abundante agua y se quedó observando las marcas rosadas que adornaban su cuello. "este Paul..." pensó riendose.
Se puso las converse de Sprindfield, esas que se había comprado hacía un par de meses y salió de casa sin hacer ruido, alejándose de la urbanización y acercándose a la estación del lado sur, donde ya alguien la esperaba pacientemente con un poco de polen entre los dedos [...]

Encuentro.


Janett se sentó en el tejado fumandose un cigarrillo y escuchando la canción de Losing you.
Oh, que gran cancion... Es una de sus favoritas y la canta en voz baja mirando al horizonte.
'Por casualidad, tomó el camino equivocado. Iba distraída y cuando quiso darse cuenta ese chico, Paul, estaba justo frente a ella.
-¿Janette? ¿qué haces aquí chiquitina?
Su tono era realmente molesto. Ella lo miró con desdén e hizo un amago de darse la vuelta, pero la mano del chico se cerro alrededor de su brazo.
Irritada lo sacudió enérgicamente para deshacerse del roce de sus dedos.
-No vuelvas a ponerme tu maldita zarpa encima, Paul.
Con una sonrisa algo siniestra la acorraló contra la pared de la estación del lado sur.
-Niñita mal educada... ¿No te enseñó tu mamá que a las personas mayores se las habla de usted?
-Claro, Paul. Y también me enseñó como patear a bichos como tú. -escupió de mala gana.
Este, con expresión molesta recorrió el cuello de la pequeña Janette con los dedos, y agarrándola por la nuca con fuerza la atrajo hacia si para besarla excitado.
La niña no reaccionó al instante, con los ojos abiertos de par en par memorizaba los rasgos de aquel hombre. Mientras su cerebro le gritaba que se alejará de él, su corazón le suplicaba notar el cuerpo de Paul contra el suyo.
Finalmente, cuando los ojos de ambos se encontrarón, Jane mordió el labio del tipo tan fuerte como pudo, hasta hacerle sangrar.
-¿Se puede saber que coño haces?
-¡Eso mismo me preguntaba yo!
-Venga, no dramatices que te encanta, ¡Si me estabas clavando las uñas y todo, gatita!
-¿Las uñas? ¿Gatita? Lo único que te quiero clavar yo a ti es una aguja en la punta de la polla, flipado.
-Uy, pues si que te pongo ¿eh, reina?
-Dios, das asco...'

Era otro de sus encuentros con él. ¿Y si ese tipo tenía razón y había disfrutado con el beso?
Se quedó tumbada sobre las frías tejas con los ojos cerrados, pensando en que estaría haciendo Paul en ese instante.

A poco más de un kilómetro, el humo de un canuto se filtraba en los pulmones de un tío de no más de veinticinco años.
Se sentaba sobre una viga y apoyaba la espalda en una pared ligeramente inclinada.
Podía ver la luna desde allí, pero entre calada y calada, en su mente se dibujaba el recuerdo de un beso.
No era más que una cría, pero tenía la hablidad de hacerle enloquecer[...]

Chiquitina de ojos verdes.


Flotaba, realmente estaba flotando[...]
Janette notaba el vaivén de su cuerpo al compás de la música, notaba el alcohol en sus venas y cada vez se sentía más lejos.
La discoteca estaba a rebosar, pero ella se movía con libertad de un lado a otro, rozando su cuerpecito joven -entre chicos increiblemente desconocidos a sus ojos- con sensualidad.
Mareada, salio a la puerta y tras andar un par de metros por un callejon su cuerpo se convulsionó haciendole expulsar toda droga que albergaba en su organismo.
Alguien le retiró el pelo de la cara y la sujeto pacientemente hasta que su estómago se hubo asentado de nuevo.
-he, ¿estás bien? ¡Menudo pedo llevas chiquitina!
-Solo estoy algo mareada, tampoco estoy tan borracha.
-niña -dijo con tranquilidad- si no hubieses salido de ese antro, ahora mismo irías camino del depósito. Además, ¿No eres tú muy jovencita para andar por lugares como este?
Janette respiró hondo y levantó la vista para observar a aquel hombre moreno que se acuclillaba a su lado. Ella se pasó las manos por el pelo en un intento absurdo de arreglarlo un poco e ignorando las palabras del tipo fuertote, apoyó la espalda en la pared con los ojos cerrados.
Tras algun minuto que otro abrió los ojos, y se topó con su mirada, profunda.
-¿Se puede saber que estas mirando? ¿Y por qué sigues aquí?
-Observaba como te van cogiendo color las mejillas mujercita.- dijo con una media sonrisa realmente irresistible.- Y sigo aquí porque me da la gana, niña.
-Pues no se tú, pero esta niña se larga.
La pequeña mujer que había tras esa mirada traviesa se incorporó apoyándose ligeramente en el hombro de su acompañante.
-¿No me piensas dar las gracias si quiera?
Jane saco de su bolso gris una cajetilla de tabaco y encendió uncigarillo cuidadosamente colocada entre sus finos labios.
Tras un par de caladas y una mirada ligeramente sujerente dio media vuelta y salió a la calle principal.

'A pocos pasos, un hombre unos diez años mayor que ella, se bebía el último trago de un quinto de cerveza y la seguía en silencio para saber donde dormía esa chiquitina de ojos verdes.'

septiembre 27, 2009

Sueños.


El reloj se rompió contra la pared y sus labios apretaron los de ella con fuerza. Craig clavaba los dedos en su nuca en un intento de atraerla más y más cerca.

Abrió los ojos y sus manos se crisparon tanto como pudo.

-Puto sueño...

Apoyo la cara en la almohada y ahogó un grito.

-¡JODER SHAILAINE, JODER!


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septiembre 24, 2009

Hoy es mi cumpleaños

-Hoy es mi cumpleaños, Gin
-¿De verdad? ¡Feliz Cumpleaños bichito!
La besa en la mejilla.
-Gracias nena. ¿qué me vas a regalar?
-Pues es obvio, una noche loca.
Bryan sonrie y la besa despacio. Ella, mientras, lo empujaba hasta que su espalda choca contra la pared recorriendole con la lengua.
-hey tigresa, tranquilizate...
Gin le quita la camiseta y le desabrocha el cinturon notando como este se excita
-Pero si estoy muy tranquila, ¿no se me nota?

[...]

septiembre 21, 2009

Lagrimas con sabor a rimel

Los movimientos eran pausados pero elegantes, un sube y baja, un corre que te pillo, un toma y 'daca' de nunca acabar. Sus muslos se tensaban en cada envestida y su cadera se movía como intentando llegar más adentro.
Una noche
Otra noche
Otra noche
Otrá noche más.
Y así cada semana, de cada mes, de cada año, durante 5.
Pero ya la cama se les hacía pequeña.
En la cocina, sobre la encimera, sobre la lavadora, encima de la mesa.
En el despacho, sobre papeles arrugados y envueltos de sudor.
En el balcon, notando la brisa en sus mejillas calientes...
Y un sinfín de lugares donde los besos y las caricias trataban de saciarse, donde sus cuerpos se entrelazaban excitados.
Pero claro, el sexo terminaba, la luna empezaba a declinar, junto a sus estrellas, y entonces, cada uno en su lado de la cama, susurraban al viento lo asqueados que se sentían.




"Y las lágrimas con sabor a rimel, corrían desde sus ojos a sus labios. Y su cuerpo, ya menos fogoso temblaba bajo la mirada de unos edificios callados."

Todo te da igual, cuando él

Todo te da igual, cuando él
es lo mejor que tienes.
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